La pagina web de "Ataxia y atáxicos" (información sobre ataxia, sin ánimo de lucro) es: http://www.ataxia-y-ataxicos.es/


lunes, 23 de junio de 2014

Energías

Blog "Ataxia y atáxicos".
Por Belén Hueso Balaguer, paciente de Ataxia de Friedreich, de Aboraya (Valencia).

"Sabio es, quien sabe controlarse. Conoce sus debilidades, para aprender a dominarlas". (Sócrates).

Hay días en que te levantas ya de mal humor, así sin más... y le tienes que pedir a tu pareja/madre/padre/amigo/compañero que mejor que no te hable, que no te pregunte, que no te tenga en cuenta (que no te nada)... porque, sin tú poder evitarlo, vas a soltar por tu boca sapos y culebras. Y ya la habrás liado... ya habrás pasado la línea roja que marca la diferencia entre tú y la otra persona. Y eso no puede ser: provocarás en la otra persona malestar, tristeza. o incluso ira, (dependiendo de cómo sea el/ella). Y entraréis en una rueda de locura y sin razón (un tú a tú de gritos y discusión). Llevando únicamente a pensamientos, sentimientos y actitudes negativas, frustración, baja autoestima y depresión (un pozo, aparentemente sin fondo, que dependiendo de lo hondo que caigas, te costará más o menos salir).

Así, que retrocedemos hasta antes de cruzar la línea roja. En esos momentos podremos, según un estudio, tomarnos unos minutos de desconexión, o tomar algún dulce (el aumento de glucosa controla los impulsos agresivos), y puede ayudarnos a mantener la calma. Otro punto importante sería evitar los pensamientos distorsionados, y para ello los conoceremos.

Ese esfuerzo de intentar no sobrepasar esa línea roja se llama autocontrol. Autocontrol sobre nosotros mismos, y frente a demás personas o cosas que nos encontremos en ese momento de "mecagoentodoloquesemenea", o de darte cabezazos contra la pared, ir maldiciéndolo todo, o, incluso, ponerte a gritar y llorar, si estuvieras en una sala insonorizada. Porque, antes que nada, debemos saber que el problema está en nosotros, somos nosotros... no los demás.

Aquí os dejo un popurri de canciones que me reconcilian con el mundo y me sacan una sonrisa:

Belén Hueso Balaguer
1- Color Esperanza.
2- Princesa.
3- Besaré el suelo.
4- A luz del lorenzo.
5- Te quiero igual.
6- I am what I am.
7- El sitio de mi recreo.
8- La Lola.
9- Everybody tod me.
10- El Dorado.
11- Feo, fuerte y formal.
12- We are the world.
13- I don´t want to miss a thing.
14- De vez en cuando la vida.

... o incluso, hay veces que me pongo muy profunda y coplera :-)
15- Yo confieso.
16- Ojos verdes.

Fuente: El blog de la autora del artículo Papaiona.
Original en: Energías

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domingo, 22 de junio de 2014

"Debo hacer un kit-kat…"

Blog "Ataxia y atáxicos".
Por María Pino Brumberg, paciente de Ataxia de Friedreich, de Tenerife.

Cambiar es crecer. Artículo en el periódico “La Laguna Mensual”, junio 2014; “Debo hacer un kit-kat…”:


Fuente: Blog de María Pino: "Debo hacer un kit-kat…".

Nota del administrador del blog:

El libro autobiográfico de María Pino Brumberg, paciente de Ataxia de Friedreich, de Tenerife, 'Yo vine aquí a luchar', puede adquirirse, con beneficios para investigación en la citada enfermedad, en: Tienda solidaria de STOP-FA.

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sábado, 21 de junio de 2014

"La Moños"

Blog "Ataxia y atáxicos".

Hoy, con apoyo del alojamiento de "Youtube", proyectaremos en nuestro cine virtual una película española de 1997: 'La Moños'... Llega recomendada por Cristina Sáez Vallés, paciente de Ataxia de Friedreich, de Zaragoza. Y, las bebidas, palomitas de maíz, y patatas fritas, podéis cargarlas a su cuenta... como precio publicitario por haber insertado aquí su nombre :-)

Casi se me olvida: No os dejéis impresionar por el lujo y suntuosidad de la sala de cine y por la comodidad de sus butacas... Podéis sentiros como en vuestra propia casa... Cualquier desperfecto en el mobiliario corre de vuestra cuenta :-)

Descripción: (Extractos de 'Filamaffinity').

"'La moños' es una película española del año 1997... con 110 minutos de duración... Está dirigida por Mireia Ros... E interpretada por Julieta Serrano, Eufemia Roman, Carles Sabater, Claudia Molina, Anabel Alonso, Aynabel Llort, Montserrat Salvador, Carlos Ballesteros, Francesc Orella, y Pep Guinyol.

Barcelona años 30, con su maquillaje extremado y su ropa estrafalaria, La Moños (Julieta Serrano) es un misterioso personaje de 'Las Ramblas'... Pepi, una niña de 9 años, se siente fascinada por tan extraordinaria mujer. Valiéndose de su fantasía, y recogiendo las historias que sobre ella ha oído contar a la gente, Pepi reconstruye la apasionada vida de La Moños. Se adentra en un mundo mágico, hecho de sueños y pesadillas, de intrigas, mentiras, y traiciones, para tejer una hermosa y estremecedora historia de amor.

Es un relato costumbrista, bien ambientado, correctamente realizado, que va ganando en intensidad emotiva y dramatismo hasta su desenlace"
.

'La Moños' (Vídeo alojado en "Youtube"... 110 minutos de duración).



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viernes, 20 de junio de 2014

La leyenda de Plaspín (cuarta y última parte)

Blog "Ataxia y atáxicos".
Por Vicente Sáez Vallés, paciente de Ataxia de Friedreich, de Zaragoza.

Nota del administrador del blog:

Este relato de Vicente se editará en cuatro capítulos, en días consecutivos, si en el intermedio no hubiera noticias relevantes de ataxia cuya emisión no admita dilación.

Para recordar los capítulos anteriores: La leyenda de Plaspín (primera parte) ... La leyenda de Plaspín (segunda parte) ... y La leyenda de Plaspín (tercera parte).

- IV -

- ¡El tiempo se agota! -exclamó Adela, contemplando su muñeca mecanizada (un clásico reloj dorado de mujer de minúscula esfera).

- ¿Llevas la cuenta...?

- Ya pasan de los quince minutos.

- Igual es solamente una broma de mal gusto.

- ¡Pues... vaya...!

Yo me despojé de mi camiseta azul marino, sudaba demasiado... y me quedé en mis brillantes shorts deportivos blancos.

- ¡Ya! -gritó Plasplín, abriendo la portezuela- ¿Ya os conocéis? Bueno, para esto no hace falta mucho... ¡Sólo ganas! ¡Je, je,...!

- Adela -susurré a su oído-, pase lo que pase, te prometo que es involuntario. Juntos viviremos, o moriremos. Eso es lo importante. Lamento haberte conocido en estas circunstancias -luego, le di un beso.

- Pepejuán... te digo lo mismo. Yo estoy ya preparada para todo. ¡Ten valor!

Los dos sonreímos. Y el viejo nos cortó:

- ¡Vamos, tortolitos! Tenéis que divertirme...

Ambos teníamos el rostro angustiado: Como si fuéramos a un paredón. Plasplín, sonreía... El viejo Plasplín nos condujo a la otra habitación donde la mesa estaba apartada... "¡En el suelo!", pensé horrorizado... Y en éstas, Adela se había quitado el bikini... como entregada... Yo, para no desentonar, me quité mis shorts deportivos blancos.

- Viejo Plasplín -invocó Adela-, haremos lo que solicitas, pero como no nos des el antídoto del mejunje, el cuchillo vengará nuestra muerte.

El viejo rió más. Luego contestó diplomático:

- Soy fascista, pero honrado.

Los dos... desnudos... casi de noche... en una miserable cabaña... a la luz de la vela... nos sentíamos bastante humanos... o eso parecía. El viejo se alejó de nosotros (que aún íbamos de la mano, casi temblando), se sentó, y exclamó:

- ¡Bailad un Waltz!

- ¡Sádico! -gritó Adela.

El viejo silbo el típico "Danubio azul", y Adela y yo obedecimos. En ese extraño ambiente, improvisado, pero algo romántico, me percaté de que Adela era un poco más alta que yo. Los dos bailábamos torpes y temblequeantes. Creo que le pisé 72 veces. Era un excitante waltz, pero no me excitaba.

Ni Adela, ni yo, hablábamos. Pero manteníamos una conversación de miradas, bastante agradable. Parecía que nos conocíamos muy bien y era una maniobra, sencilla, pero bien planeada, para soslayar el trágico final. Eramos como marionetas de madera, manipuladas por el vil Plasplín, pero pegadas con cola, con pensamiento y sentimiento sinceros, unísonos.

Vicente Sáez Vallés
Por eso, cuando el viejo gritó: "¡Alto!. Tenéis tres minutos para vestiros". Tardamos en reaccionar.

- ¿Vestirnos? -preguntamos a la vez.

- Bueno... ¡si queréis ir así por la sierra...! Pero sabed que hace fresco por la noche.

Nos apresuramos en ir al otro cuarto, pero tuvimos que volver, porque mi pantalón y el bikini de Adela estaban por el suelo... ¡Estábamos tan nerviosos!

No sé ni cómo nos vestimos... Al salir, vimos a Plasplín escribiendo en una libreta y haciendo caso a un cronómetro blanco que, colgado de su cuello, se mezclaba con su barba. El viejo estaba junto a la mesa, y, sobre ésta, había un paquetito embalado en papel marrón... "¡El antídoto!" -pensamos.

- Me divertisteis -gritó seco el viejo- pero ahora el cuchillo penetrará en la carne... ¡Ja,Ja...!

El viejo se levantó, y empuñó su cuchillo. Adela y yo nos abrazamos tan fuerte como podíamos. Nos miraba. Le mirábamos.

- ¡Ah! -gritó. Luego, abrió el paquetito, y de él extrajo una masa carnosa naranja-. Venid, probareis mi exquisita carne de membrillo.

Adela y yo nos quedamos atónitos.

- Pero... ¡No os quedéis como dos piedras! -añadió.

- ¿Y el antídoto? -pregunté.

- ¡No era veneno! Era un afrodisíaco.

Adela y yo nos miramos... a punto de reír.

- ¿Pero no quería que hiciéramos el amor?

- ¡No!. Todo lo contrario. Si no, el experimento...

- ¿Experimento?

- Veréis, soy psicólogo. Y escribo un artículo para verificar una teoría sobre " Efectos del afrodisíaco y otros fármacos en alto estado de sugestión". Salió bien. Pero venid.

Adela y yo nos miramos... y raudo, huimos...

*****

Al rato, cuando casi llegábamos al río, aflojamos la marcha, y nos relajamos. Decidimos ir al pueblo más cercano (donde tomar una manzanilla). Nos sentíamos estúpidos, y dudábamos sobre denunciar al viejo, que aún creíamos loco. Eran casi 5 Km., y en el camino nos fuimos conociendo. Era una peculiar situación, y conversábamos dicharacheros, tal vez para evitar el tema. Pero, éste, volvió. Y, a mí, al enamoradizo, se me escapó:

- Entre tanto trajín, lo mejor ha sido el baile. Ha sido eterno, y creo que aprendí mucho.

- ¿Mucho de qué?

- De ti. De la vida. Del tiempo... y, como no, del amor.

- Sí -suspiró-, ha sido precioso. Pienso lo mismo que tú. Nos sentimos los dos con mucho cariño.

Arrojé una piedra al agua, y tuve ese extraño cosquilleo precordial de haber ligado... de que Adela estaba en el bote.

Y en ese momento, con el sol ha punto de caer, en el prado, en ese infinito instante de agradable temperatura, simultáneamente, ardientemente, fogoso, simpático y oportuno, el afrodisíaco, nos hizo efecto.

(FIN).

Nota segunda del administrador del blog:

Vicente falleció en el año 2006. Para acceder a una breve semblanza del autor del texto (escrita por su hermana, Cristina, también, como él, paciente de Ataxia de Friedreich), hacer click en: Semblanza de Vicente Sáez Vallés.

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jueves, 19 de junio de 2014

La leyenda de Plaspín (tercera parte)

Blog "Ataxia y atáxicos".
Por Vicente Sáez Vallés, paciente de Ataxia de Friedreich, de Zaragoza.

Nota del administrador del blog:

Este relato de Vicente se editará en cuatro capítulos, en días consecutivos, si en el intermedio no hubiera noticias relevantes de ataxia cuya emisión no admita dilación.

Para recordar los capítulos anteriores: La leyenda de Plaspín (primera parte)... y La leyenda de Plaspín (segunda parte).

- III -

Vicente Sáez Vallés
En efecto, un roedor gris se escondió en un agujero en la esquina de enfrente.

- ¡Ah!, ¿por eso chillabas antes?.

- Sí... y por un abejorro.

-¡Pues no es el momento!.

- Momento... ¿de qué...?

- De asustarse por unos animalitos.

- Si tú lo dices...

- ¡Jo! vamos a acabar locos.

- Yo ya me considero tal. Es una situación horrible. Nunca se me había presentado. Yo una chica joven, estudio para bombero, y cada vez me armo más de valor para salir del armario, resignada a encontrarme y a ser protagonista del más vil chantaje sexual para ilusionar a un cabrón viejo verde.

- ¿Salir del armario? –ella me miró como mensurando si había hecho bien en decirme algo.

- Bueno, poder afirmar mi identidad y decir al mundo con orgullo que soy lesbiana -dijo seria y contundentemente.

“¿Lesbiana...? ¡Ahora sí que la jodimos...!”, pensé.

- No creo que "loca" sea la palabra más adecuada. No estás loca por ser lesbiana...

- Pero... ¡Pepejuán! Si no me entero de lo que digo... No sé siquiera si me van los tíos... las tías sí.


- Tranquila, mujer. Si el momento ha de llegar... que llegue, y de la forma más cachonda posible, tal vez así te enteres.

- Pareces un sátiro.

- Tal vez... pero te vuelvo a incitar a que busques una solución.

- ¡Imagínate que soy frígida!.

- Te tienen obsesionada la homosexualidad... Yo creo que el sexo heterosexual tiene que ser muy sencillo y natural, es tan fácil como el sexo homosexual, no es como piensas... Bueno, supongo que sí lo será, pero no creo que se note...

- ¿Has practicado el sexo con tíos alguna vez?.

- No, pero... ¡Vaya con el resabido de turno!.

- Sólo intentaba animarte -me di cuenta de haber metido la pata.

- A mi madre le prometí...

Adela escondió sus pechos con las manos. Me miró, y creo que tuvo varias náuseas... aunque eso no debiera contarlo.

- No te preocupes: Juro no enamorarme de ti.

- Pero, así en frío... que te obliguen a estrenarte con un tipo que no conoces... Y además, ¡salgo con otro chico!.

- Lesbiana sin decirlo... con novio pero virgen heterosexual... ¡Lo tienes todo...!.

Los dos estábamos fatigados. Cansados del nerviosismo... y tal vez por eso decíamos tantas incongruencias, que nos llevaban a arrepentirnos casi de inmediato.

(Continuará mañana).

Nota segunda del administrador del blog:

Vicente falleció en el año 2006. Para acceder a una breve semblanza del autor del texto (escrita por su hermana, Cristina, también, como él, paciente de Ataxia de Friedreich), hacer click en: Semblanza de Vicente Sáez Vallés.

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miércoles, 18 de junio de 2014

La leyenda de Plaspín (segunda parte)

Blog "Ataxia y atáxicos".
Por Vicente Sáez Vallés, paciente de Ataxia de Friedreich, de Zaragoza.

Nota del administrador del blog:

Este relato de Vicente se editará en cuatro capítulos, en días consecutivos, si en el intermedio no hubiera noticias relevantes de ataxia cuya emisión no admita dilación.

Para recordar: La leyenda de Plaspín (primera parte).

- II -

El viejo jorobado, Plasplín, alegó, antes de abrir la puerta, que era especialista en magia negra, y que no anduviéramos con bromitas. Luego dijo mil cosas más, que no logré entender. Y por fin, añadió al final:

- El conflicto es sexual. Yo soy muy viejo... y no puedo hacer... eso. Pero vosotros sois jóvenes y tiernos, y podéis... debéis hacerlo para sentirme partícipe. Si no, el cuchillo vengará el que yo me muera sin ser feliz y gozar lo que jamás gocé.

Después, me arrojó a la habitación. Yo caí como un saco de patatas. Se oyó un portazo. Se cerró una puerta. El viejo seguía carcajeando, y yo estaba muy nervioso.

- Tenéis quince minutos para preparar vuestras carnes -gritó el viejo.

En ese momento me percaté de la existencia de la muchacha. Era una linda joven rubia, de unos dieciocho años, e iba en ropa interior color azul celeste. Más tarde comprobé que era un bikini. Ella me miraba asustada, y en esa habitación hacía calor. Entre la paja del suelo, pues no había otra cosa, excepto un bajo ventanuco, vi una camiseta blanca y unos jeans shorts. Usando de mi lógica, pensé que pertenecían a la muchacha, callada hasta entonces.

- No... no me toque -dijo su vocecilla.

- Tranquila. Yo estoy en tu misma situación.

- He oído lo del viejo... ¡Es horrible! -yo no sabía que contestar. La muchacha estaba medio sentada, medio tumbada en una esquina del cuartucho, que olía a caballo. Me acerqué:

- ¿Cómo te llamas? -pregunté.

- Adela. Tengo 22 años. Soy de Zaragoza. Estaba de excursión y me perdí...

- ¡Vale, vale!, no hace falta me enseñes tu D.N.I.. Ese viejo me contó algo...

- ¡Lo oí todo! -gritó interrumpiendo mi hipnótico proceso de tranquilización, porque, yo, al verla, tomé el papel de "fuerte", y no lo era.

- ¡Bueno! Yo soy Pepejuán, y también soy de Zaragoza... ¡Ya hablaremos luego! ¡Ahora no hay tiempo!.

Adela se echó a llorar. No eran lágrimas histéricas sino nerviosas.

- Tranquilízate, Adela, todo pasará... -y se tranquilizó.

- ¿Has hecho él... amor alguna vez? -pregunté, descarado.

- ¿Qué? -se intimidó.

- Qué si eres virgen. - ¡Vaya!, ¡Por donde nos sale el jilipollas...!

- No es eso, hombre. Pretendo informarme de si tienes idea de lo que es el acto sexual. Vamos, que si nunca hubieras jodido sería más difícil.

- ¡Claro que he jodido! ¡No te jode...! Pero... ¿de veras piensas joder delante de ese viejo?

- Ya me dirás tú...

- Lo tienes claro. Tú lo que quieres es sacar tajada ¡Conozco a los hombres!

- ¡Anda la monja! -me enfadé-, si tienes una solución mejor, dila...

- Perdona, ¡Estoy un poco nerviosa!

- Perdonada. Yo empiezo a sentir un cosquilleo en los pies.

Vicente Sáez Vallés
- ¿Y?

- La coagulación. El mejunje del viejo...

- ¡Ah! -chilló histérica.

- ¿Qué?

- ¡Otra vez!

- ¿Qué pasa?

- Una rata...

(Continuará mañana).

Nota segunda del administrador del blog:

Vicente falleció en el año 2006. Para acceder a una breve semblanza del autor del texto (escrita por su hermana, Cristina, también, como él, paciente de Ataxia de Friedreich), hacer click en: Semblanza de Vicente Sáez Vallés.

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martes, 17 de junio de 2014

La leyenda de "Plaspín" (primera parte)

Blog "Ataxia y atáxicos".
Por Vicente Sáez Vallés, paciente de Ataxia de Friedreich, de Zaragoza.

Nota del administrador del blog:

Este relato de Vicente se editará en cuatro capítulos, en días consecutivos, si en el intermedio no hubiera noticias relevantes de ataxia cuya emisión no admita dilación.

Vicente Sáez Vallés
- I -

Jamás me contaron historia tan fantástica y formidable como la del viejo Plasplín, en la vieja aldea de Tresplatos, perdida en la lejanía de la sierra pirenaica. El viejo letrado de Trestenedores, me condujo hasta el principio del camino que llevaba a la cabaña de Plasplín: el hábitat estaba terriblemente escondido en toda la inmensidad de la sierra.

El abogado, me contó parte de las hazañas y andanzas por las que el viejo se había hecho a sí mismo como una leyenda auténtica, que se transmitía de boca en boca, de generación en generación, todo el saber y la práctica de una civilización entera.

No sentía el cansancio porque sabía que muy pocos habían llegado hasta allí. Iba a ser la envidia de todos los periodistas de todos los rincones de este mundo, y de los otros. El camino era muy duro, pedregoso, y cuesta arriba. Yo iba con el uniforme de turista joven y deportivo que va a la montaña y el abogado con un traje de tergal claro, camisa oscura, y corbata escarlata... además, llevaba una especie de pañuelo con el que secaba los muchos sudores que le atacaban.

El sol deslumbraba hasta a las salamanquesas aldeanas. Un mediodía de agosto, seco, y con el silencio como protagonista. En las sombras hacía fresco, y en el sol las neuronas fueron coloradas jugando en el horno encefálico. Un manantial se convertía en el ruido perfecto de la fastuosa cabaña y se perdió en la arboleda. Sentí la soledad inquieta de un momento sin apoyo... algo desconocido, pues siempre he estado rodeado de personal. Estaba en zona de alta montaña, y eso siempre me ha impresionado mucho, cuando las rocas más desnudas están, y los animales han dejado de murmurar. Falso calor. Mucho sol, pero escarcha en las sombras: No me sobraba el jersey.

Ya podía ver la vieja cabaña. El sendero era de adoquines mal puestos (tal vez de una vía romana). La cabaña era de madera vieja. Una voz rompió mi tiento:

- Apaga el cigarro, pero cuida los incendios -me dijo la voz, mientras crujía la madera de la cabaña.

Me sorprendió su aguda visión, así como sus precavidos actos, dignos de un buen ciudadano... aunque Plasplín, no era bueno, tampoco ciudadano.

- Pasa, buen mozo, pasa... ¡je, je!.

Sus risas me intimidaron, porque podría ser agüero de malas penas o, tal vez de irrisorios pecados.. porque yo, y nunca he sido tan sincero, estoy muy bueno. El contraste de luz entre el tímido atardecer y la oscuridad de la vivienda del viejo, hizo frotarme los párpados que manché de grasa negra, porque, estúpidamente estuve, acariciando las bisagras de Plasplín: es decir, de la puerta, ya que, tras echar una mirada a los dos, llegué a la conclusión de que el viejo y su cabaña eran todo uno: La cabaña era vieja y crujiente y Plasplín también era ambas cosas:

La cabaña era de madera vieja, y el viejo era... era como de madera vieja. La cabaña estaba desnuda, pero frente a la puerta se podía contemplar una maceta con un cardo. El viejo estaba desnudo, pero tenía una larga barba blanca, y no se veía la cola. El tejado de la cabaña estaba liso, y Plasplín era calvo. No había ladrillos, y el viejo estaba desdentado. La cabaña era pequeñita, y el viejo, también.

Se oyó un portazo. La puerta se cerró. La cabaña no era muy acogedora. Eran dos cuartos. Una habitación con un armario y una mesa. Había una chimenea, dos sillas, utensilios de cocina por ahí, descuidados, útiles de caza por ahí, tirados, y un destornillador encima de la mesa. De la otra habitación no puedo decir nada, porque estaba tras una puerta cerrada, de la que me parecía provenían unos lamentos femeninos.

Todo en penumbra. Silencio abrumador, quebrado por unos ruidos y carcajadas extrañas que el viejo rubricó con un pase, casi mágico, en el que los dos, Plasplín y yo, nos encontramos sentados en sendas sillas de anea frente a la vieja mesa... sobre la cual había una enorme vela con su lúgubre luz, un vaso sucio que contenía un fluido verde esmeralda, un enorme cuchillo de doble filo, y un destornillador.

El viejo me absorbió. Sus ojos como platos me hipnotizaron, y me invitó a beberme el fluido del vaso, indicándome que era obra suya. Tenía buen sabor, y un sorbo pasó a mi estómago. Lentamente, fue creando su rol, y en pocos instantes se convirtió en el narrador más real que nunca soñé.

Plasplín me obsequió con su sabiduría y su aliento. Me contó de todo un poco, en una temática insólita y extraordinaria. Animales fantásticos que luchaban con caballeros venidos de todo el mundo y que eran sistemáticamente derrotados. Por eso necesitaban de un arma sobrenatural que les diera fuerza y valor: Este cuchillo logró derrotar a las alimañas naturales, porque, dicen, que fue el cuchillo con el que Jesucristo cortó el pan en la última cena.

- ¿Este cuchillo? –tomé el cuchillo y, rápidamente, Plasplín me lo quitó.

Me extrañó que no me permitiera examinarlo. Y me bebí el resto del extraño, pero agradable bebedizo.

- Sí. Este cuchillo tiene historia. Buen mozo, viniste a por una historia y no te irás... sin ella...

- Este cuchillo -el viejo empuñaba el cuchillo que, junto con la vela, los lamentos femeninos, y la expresión de Plasplín, casi me daban miedo- tiene historia. 60 centímetros de filo que han atravesado no pocos tejidos humanos y animales y se ha manchado y limpiado de sangre no pocas veces. Es del siglo VII, cuando no había ni franceses ni españoles, sino hombres que luchaban por el sexo... En efecto, cuando dos jóvenes querían determinada muchacha... ¡ZAS!... el cuchillo lo solucionaba. Cuando alguien violaba a una virgen y tierna doncella... ¡ZAS!... el cuchillo lo solucionaba. Cuándo un hombre sediento rompía la eterna fidelidad del matrimonio... ¡ZAS!... el cuchillo lo solucionaba...

A cada "¡ZAS!", yo respondía con un salto. Cada vez, mi pánico era mayor, porque aquellos lamentos femeninos se habían convertido en alaridos, que el viejo ignoraba.

- Cuentan las leyendas -siguió- que éste, era el cuchillo de La Justicia, y, si era mal utilizado, los espíritus se encargarían de vengar. Mi antecesor, Eufrito, me lo dejó cuando moría. Y desde que ejerzo como ermitaño en esta zona, nunca me surgieron conflictos de sexo hasta hoy: Era una tibia mañana, veraniega y apareció esa joven que grita encerrada en la habitación contigua. Alegaba haberse perdido en estos Pirineos, y necesitaba ayuda. Yo, le di a beber "el mejunje", como a ti, y la encerré, como comprobarás...

Dentro de poco, te encerraré a ti... y, si no cumplís mis requisitos, moriréis, porque el mejunje coagulará vuestra sangre, y el cuchillo cortará vuestra garganta... Solamente os entregaré el antídoto para tan terrible veneno, si me satisfacéis. Mis demandas no son tan terroríficas, porque sólo os pido ternura, afecto y amor...

El viejo rió sardónicamente, y abrió con una gruesa llave la puerta que conducía al misterio femenino. Yo, me estremecí, y me sentí preso de la trampa más vil que hubiera soñado. Y, sin embargo, me entregué... aunque no supiera a qué...

(Continuará mañana).

Nota segunda del administrador del blog:

Vicente falleció en el año 2006. Para acceder a una breve semblanza del autor del texto (escrita por su hermana, Cristina, también, como él, paciente de Ataxia de Friedreich), hacer click en: Semblanza de Vicente Sáez Vallés.

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