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lunes, 7 de febrero de 2011

Intimidad

Blog "Ataxia y atáxicos".
Por Vicente Sáez Vallés, paciente de Ataxia de Friedreich, de Zaragoza.

Intimidad es algo que está adentro de los sentimientos, que a la vez es de uno mismo y se desea compartir, se necesita, porque si no, serían secretos u otra cosa.

Mi deseo es habitar en ti. ¿Cómo sería el mundo si nos cambiamos los ojos? Tú miras con los míos, que yo miraré con los tuyos. Te advierto que soy miope.

En ese rincón tuyo se halla la solución, cómo va a ser ese mundo de los dos. Hay que buscar un lugar acogedor, sin cadenas de cuerpos y sin malos entendidos. Me gusta el violeta. Ya pondremos algo morado... ¿Te parece?.

Es mi memoria entera la que pongo a tu disposición. Y tú, antes de dormirte, recuerda que debes ser mejor para los otros, para ti. La memoria son recuerdos, son imágenes y palabras de lo que pasa: no hay primer recuerdo, no existe. Hay colores, hay formas, pero no se pueden decir. Lo primero que he de contar es de ese mundo que hacemos tu y yo y nadie más. ¿Dónde está? En un sitio que sólo tú y yo sabemos, en un sitio que sólo tu y yo podemos entrar, en un sitio donde se admiren otros mundos de otros y que nada estorbe.

Aunque esté lejos, aunque esté a mil kilómetros, no hay espacio ni tiempo que abarque nuestra inmensidad.

Aunque parezca desvanecerse será un espejismo: persistirá al olvido. Creo que merece la pena desafiar al universo por sólo poder pensar en vos.

Casi a tientas, descubrí que nuestra vida, la de todos los seres, se desarrolla en lo imaginario. Una parcela enorme y nada despreciable. ¿Entonces qué importan las formas de amar que no son convencionales? El poder entrar a una intimidad u otra, es sólo para uno. Porque si no se acarician las ilusiones, los deseos, es como si cualquiera pudiera pasarse por la intimidad, y así ya no es sólo uno, y no vale.

II

“Prohibido asomarse” , se leía en cartel chillón rojo sangre y amarillo fuerte. Nadie dejaba mirar el precipicio enorme. Allá abajo sólo había espejos. Unos guardas jurado enormes me impidieron el paso con su postura.

- ¡Alto! No se puede pasar...

- Es que deseo asomarme a ese mundo.

- Allí no puedes. Necesitas algo convencional, social, algo que te afirmen los que estén por encima de ti y que lo hayan vivido antes. Es decir, debes enamorarte como Dios manda, y te asomarás por ahí.

Yo sabía que en el fondo del precipicio sólo había espejos; si alguien mira allí...

Los dos guardas con uniforme colorado y olor a sudor, estaban totalmente rígidos y sus gafas de sol reflejaban mi imagen asustada. Cuándo estaban con los brazos cruzados asemejaban estatuas del compromiso más cruel que limitaba la vida a unos pocos. Yo no podía estar conforme con eso, pero no se me permitía asomarme en el mirador.

El mirador era aquello a lo que te enfrentas aún sabiendo que no deja de engañarte. En ese tiempo vi las montañas hermosas de no se qué. Los picos afilados por la nieve moteada. Montañas viejas pero sin edad. Apoyaba mi cuerpo en la barandilla de madera encalada y pensaba en la forma nocturna de acceder al amor. Estuve mucho tiempo en ese desasosiego, que me fulminaba.

Tanto aguardé que se hizo de noche. Una noche cerrada. Los guardas me dijeron a guasa:

- Nuestro tiempo ha terminado. Hoy ha acabado el turno. Ya puedes asomarte.

Corrí al mirador, y sólo vi los reflejos de los últimos rayos de sol reflejarse en los espejos... acto seguido fue la oscuridad, la negrura de la noche, lo que llenó el espacio.

Los guardas rieron a carcajada limpia, y se marcharon por el ascensor. Di un puñetazo de rabia en la madera de la barandilla. La madera petrificada me pinchó, y el golpe no sonó.

Tuve mucho tiempo de pensar en esa noche y pude ver complacido el primer rayo del sol que se reflejaba en los espejos que siempre me habían dicho que había abajo.

Acto seguido, los guardas me persiguieron a mamporros:

- ¡Está prohibido asomarse ahí!.

Pero ya podía defenderme, porque de pronto, como esa primera luz, supe lo que pasaba. Ya no necesitaba los espejos, no quería mirar. Necesitaba asomarme y verme reflejado en el amor a las imágenes; al desear generar, sobran los espejos.

Hay un espacio inmenso en lo imaginario, el sitio que se es uno siendo dos. Por mucho que uno se asome, sólo se ve, si arriesgas para generar algo.

FIN

Nota: Vicente Sáez, de Zaragoza, "fue" paciente de Ataxia de Friedreich. Falleció hace cuatro años. Le recordamos con uno de sus relatos.

Para acceder a una breve semblanza de Vicente (escrita por su hermana, Cristina, también paciente de Ataxia de Friedreich), hacer click en: Semblanza de Vicente Sáez Vallés.

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2- Sección "PowerPoint del día":

Para visionar y/o guardar el archivo PowerPoint, hacer click en: Barcelona 3 - Real Madrid 3.

Es el partido de la segunda vuelta liguera del Real Madrid 4 - Barcelona 4.

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3- Sección "Artículo recomendado":

Hoy, en esta sección se enlaza con un artículo de "LA RAZON.es", con fecha 02/02/2011: Un cóctel de antioxidantes contra las enfermedades neurodegenerativas, (ataxia entre ellas).

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