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martes, 19 de julio de 2016

14- Los casos del teniente Llamazares - Dúplex de Reyes: (capítulo 4, II)

Blog "Ataxia y atáxicos".
Por Juan Conesa Arias, paciente de Atrofia multisistémica, de León.

Notas del administrador del blog:

Con su permiso, por supuesto, en este blog, por capítulos, vamos a editar la novela 'Los casos del teniente Llamazares', autoría de Juan Conesa Arias, paciente de Atrofia multisistémica, de León... La citada enfermedad, que causa ataxia, es una nominación relativamente moderna de una parte de las antiguas OPCA's (atrofias olivo-ponto-cerebelosas), grupo en el cual, antes de las diferenciaciones genéticas, también se incluían las, ahora, SCA's (ataxias espinocerebelosas).

El ritmo al que serán editados los capítulos en este blog, no está fijado, ni podría predeterminarse... pues la obra novelesca está aún en incipiente fase de escritura, e iremos editando a medida que los textos estén disponibles. Concluiremos cada capítulo con un "(continuará)", pero sin fecha fija. Eso sí, se hará constar cada día los enlaces a capítulos anteriores... para que nadie pudiera perderse el hilo de la novela.
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Anteriores
1- Los casos del teniente Llamazares - Dúplex de Reyes - Capítulo 1 - I
2- Segundo: Capítulo 1 - II
3- Tercero: Capítulo 1 - III
4- Cuarto: Capítulo 1 - IV
5- Quinto: Capítulo 1 - V
6- Sexto: Capítulo 2 - I
7- Séptimo: Capítulo 2 - II
8- Octavo: Capítulo 2 - III
9- Noveno: Capítulo 2 - IV
10- Décimo: Capítulo 3 - I
11- Once: Capítulo 3 - II
12- Doce: Capítulo 3 - III
13- Trece: Capítulo 4 - I

14- Los casos del teniente Llamazares - Dúplex de Reyes: (capítulo 4, II)

Juan Conesa Arias
Cuando llegaron a la comisaría de policía de Gijón, reinaba allí un revuelo extraordinario. Todo eran prisas y correr de un lado para otro. No dejaban de sonar los teléfonos... todo el mundo parecía tener algo que hacer urgentemente... a cada momento, aparecía alguien con unos papeles en la mano, dando gritos para que alguien le oyera...

Un policía joven y con gafas, con esa pinta de no enterarse de nada que tienen los recién salidos de la academia de Ávila, casi tira el café, que acababa de sacar de la máquina, sobre el impecable jersey de Camino.
- ¡Mira por dónde andas, chavalote! –le espetó Llamazares.

Estaba claro que, al darse la vuelta para seguir su camino, el joven se había topado con el voluminoso frontal de Camino, y no había podido hacer nada para evitar el choque. Había sido totalmente fortuito, pero al teniente no le había gustado nada el encontronazo.
- Bueno, Maurín, al fin y al cabo soy yo la que estaba en su camino, y el señor no ha tenido la culpa...
- Perdóneme, señora, 'es qu’andamos a pijo sacao' hoy, y no la vi venir... -dijo el joven, compungido, aunque sin poder dejar de mirar los atributos de Camino. - No pasa nada... Pero, primero, soy señorita... Y me puedes tratar de tú... que no te llevo tantos años –dijo la reportera, guiñándole un ojo al pimpollo y ofreciéndole un pañuelo de papel que había sacado de su pequeño bolso-. Siento haberte estropeado esa americana tan bonita.
- No te preocupes, 'llevarela al tinte, pa ver si tié' arreglo... 'Llaámom’Enol'. ¿Y tú?.
- Camino –dijo, propinándole un beso en cada mejilla. Con lo que el mozo se ruborizó hasta las orejas.

- Bueno, vamos a dejar los ligues para otro momento, guapines. –Llamazares empezaba a estar cabreado de verdad: “¿Qué se habrá creído este mindundi?”– Venimos buscando al capitán Arias. Tenemos una cita con él. ¿Podrías decirnos dónde está, chatín?.
- Pues le va a ser difícil que esté... Esta mañana nos mataron un miembro del 'concello n’el parqu’el Molinón, y desde temprano, andamos to Dios por aquí como puta por rastrojo, como pué ver. Vai tener que volver mañana, señor'.

- Soy el teniente Llamazares, de la policía de León, ¿no andará por ahí de casualidad Rober González, su compañero?.
- ¡Ese sí qu’está! ¿Sabe dónde ye el archivo, señor? Pos allí lle debe andar, que lle dejé hace un momentín.
- Muchas gracias, guapo... -Al decir esto, Camino le dedicó una sonrisa que esperaba que compensara la rudeza del teniente. “No cambiará nunca. Siempre anda por ahí hecho un ogro”.

- Me pregunto cómo ha podido aprobar este pazguato el examen de ingreso... -le dijo Mauro una vez se hubieron separado bastante para que no le oyera.
- ¡Pobre hombre!, Mauro. Con lo gracioso que es ese acento asturianín. ¡Y lo majo que es!.

Si Mauro hubiera visto como torcía el cuello Enol, haciendo una mueca como para silbar, mientras se alejaban por el pasillo, y Camino desplegaba todo su andarín encanto, el enfado del teniente hubiera bastado para hacer estallar una supernova.

***

Rober se ofreció enseguida a acompañarles en el coche de policía adonde estaba su jefe. Como la comisaría quedaba un poco retirada del lugar en que Arias se encontraba, Rober aprovechó para ponerles al tanto de lo que era el suceso del día:
- Esta mañana, justo en el cambio de turno, recibieron una llamada de un paisanuco. Resulta que lo poco que le entendieron fue que había visto como mataban a otro justo enfrente del Molinón, en el parque. Ya sabe, ése en que están los pavos reales... Cuando la patrulla fue hacia allí, descubrieron que el sujeto era nada más y nada menos que el concejal de juventud y tiempo libre del concello de Gijón. ¡Ya se puede imaginar, teniente! ¡Se armó un follón de tres pares de cojones! Y allá que tuvo que ir el capitán...

- ¿Sabes si ya se ha levantado el cadáver?.
- Pues no sé... Aunque tenemos cuatro juzgados de instrucción, la verdad es que aquí hay mucho cabrón suelto, y los señores jueces andan muy liados siempre. Eso, sin contar con que sus señorías son un poco vagos, y les cuesta mucho salir del juzgado. Así que es posible que aún no lo hayan levantado.

- A ver si hay suerte, y llegamos a tiempo. Me gustaría verlo.
- El problema va a ser la señorita. No sé si la van a dejar entrar en el cordón policial...
- No... -comenzó a replicar Camino.
- La señorita no va a ser problema. Seguro que a Arias no le importa que entre. Después de todo, viene conmigo –dijo Llamazares, dándose la vuelta para guiñarle un ojo a su amiga sin que el policía gijonés se diera cuenta. Lo que hizo que Camino se cruzara de brazos e hiciera un mohín de rabia contenida–. Sólo por curiosidad, ¿de qué partido es el ayuntamiento?.
- Del PP, aunque quienes ganaron las pasadas elecciones fue el PSOE… Esos cabrones se conchabaron con los chicos de Asturias Libre, que son de su misma cuerda… Ellos a seguir con la mamandurria, y los demás, a jodernos. Vamos, lo de siempre desde que Franco era cabo…

La mirada de complicidad que se dirigieron Llamazares y Camino fue muy elocuente. Tres políticos asesinados del mismo partido en poco tiempo… ¿Una coincidencia?.

***

Allí estaba Arias, de pie, hablando con un policía uniformado. No había cambiado mucho. Seguía siendo aquel buen mozo asturiano, fuerte, moreno, con los ojos verdes y las mejillas sonrosadas. El traje oscuro bien cortado y el corte de pelo más bien tirando a anticuado que llevaba no ocultaban a Llamazares el chavalillo un poco torpe con el que se había cruzado en la academia de oficiales. Le había caído bien el chico, por lo franco y afable que era… y el pronunciado acento asturiano le había terminado de ganar. Si alguien quería ablandar al teniente solamente tenía que ponerle acento asturiano. Entonces recordaba a su abuela y su cara se iluminaba como cuando la viejecilla le contaba aquellos cuentos con los que le dejaba pendiente de su arrugadísima cara. Además, las matemáticas no eran el fuerte de Mateo y, al igual que pasara con Fidalgo, el instinto protector de Llamazares hizo que decidiera que iba a prestarle toda la ayuda que posible.
Hoy, Mateo Arias era capitán de la Brigada de Investigación Criminal de Gijón y Mauro Llamazares sólo teniente de la de León. Sin embargo, su amistad continuaba como entonces, y Mateo seguía reverenciando a Mauro, y siempre que estaban juntos le trataba con el máximo respeto y admiración.

Cuando Mateo le vio, dejó inmediatamente de hablar con el policía, y se dirigió caminando deprisa, sin perder la compostura, eso sí, hacia Llamazares. Parecía como si un oso pardo fuera a dar el abrazo de la muerte a un robusto toro. Ambos policías se abrazaron y se sacudieron una tunda de palmadas sobre sus espaldas. De haber sido otros los que recibieran tales mandobles, hubiera terminado en el hospital con tres o cuatro costillas rotas y alguna que otra vértebra magullada.
- ¡A sus órdenes mi capitán!
- Venga, D. Mauro, no me haga sentir mal...
- ¿Qué pasa? ¿Ya me llamas de usted y todo? Se te ha subido la estrella a la cabeza...
- No, hombre, Mauro, ya sabes que desde la academia me sale solo el usted cuando hablo contigo.
- Pero ya sabes lo que me jode... -Se dio la media vuelta, sin soltar el codo izquierdo del capitán, y dijo, mirando hacia Camino, que había asistido asombrada a la efusividad de los dos policías un par de pasos por detrás–. Mira, te presento a Camino Riello, periodista de León, y una muy buena amiga mía.

- Mauro, no queremos que la prensa meta las narices en esto… Ya daremos una nota oficial cuando todo esté claro...
- No te preocupes, chaval... Caminín y este servidor hemos venido aquí por otras razones, y no vamos a meter las narices en nada. ¿Verdad, reina?.
- Por supuesto, lacayo. -Camino le guiñó el ojo picaronamente al capitán, y se acercó para propinarle dos besos bien sonoros en sus mejillas.
- ¡Cuidadín!, reina mora... que el señor está felizmente casado con una asturiana de esas que son capaces de ayudar a parir a una vaca ellas solas...
Las mejillas de Mateo pasaron a un color encarnado, mientras decía:
- Por cierto, que Covi quiere que vayáis a cenar hoy a casa… Y a tu ahijado le va haciendo falta que le des unas collejas para ver si le entran en ese melón que tiene por cabeza las derivadas...
- De tal palo, tal astilla, ¿eh, campeón?...

En ese momento, un policía se acercó a Arias, y le dijo que acababa de llegar el juez para el levantamiento del cadáver, y que les había encargado que guardaran a buen recaudo algo que le entregaba en una bolsa. Al verlo, Mauro dio un respingo. No era posible… El mismo reverso, las manchas de sangre en él, casi aseguraría que era un naipe. Un naipe de Fournier, algo que él ya conocía de otro momento como éste...
- ¿Me permites, Mateo? –El capitán le tendió la bolsa con el reverso de la carta mirando hacia Llamazares.
Casi que le daba miedo dar la vuelta a la bolsa para ver el anverso de la carta. Al hacerlo, Camino, que se había acercado para ver qué era aquello que se intercambiaban los dos amigos, profirió un agudo grito a la vez que se apoyaba en la ancha espalda de Mauro. En la carta se podía ver como un rey se abría la túnica con una mano, mientras la otra sostenía amenazadoramente en alto un mandoble. ¡El rey de espadas!.

Al ver la reacción de Mauro y Camino, Arias le preguntó al policía que le había entregado la bolsa, ¿dónde habían encontrado el naipe?.
- En el bolsillo de atrás de las mallas del cadáver, señor...

(Continuará).

Fuente: Blog del autor: http://tenientellamazares.blogspot.com.es/

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