La pagina web de "Ataxia y atáxicos" (información sobre ataxia, sin ánimo de lucro) es: http://www.ataxia-y-ataxicos.es/


viernes, 3 de septiembre de 2010

La segunda oportunidad

Blog "Ataxia y atáxicos".
Por Vicente Sáez Vallés, paciente de Ataxia de Friedreich, de Zaragoza.

Nota: Vicente "fue" paciente de Ataxia de Friedreich. Poner el verbo en pretérito, pudiera parecer una relegación al olvido. No es eso: precisamente le estamos recordando con el colgado de sus relatos en el blog. Simplemente, la gramática sirve para entendernos, y hemos de respetarla en lo posible. Lamentablemente, Vicente falleció en el año 2006.

Para acceder a una breve semblanza de Vicente (escrita por su hermana, Cristina, también paciente de Ataxia de Friedreich), hacer click en: Semblanza de Vicente Sáez Vallés.

LA SEGUNDA OPORTUNIDAD

Viendo, cómo es, una mujer hermosa, no puedo más que enrojecerme y tartamudear cuando ella me pregunta:

- ¿Llevas hora?

¿Por qué me ha elegido a mí de entre los caballeros apuestos que pueblan la sala? Tal vez sea porque llevo reloj. Tiene una historia curiosa: un día de otoño estaba sentado en una mesa de una importante repostería de la ciudad. Me había pedido un chocolate con churros, pues a veces me permito tales caprichos. Ya saben: estaba hambriento y pasaba por ahí... Me senté en una mesa de caoba presto a reflexionar sobre los últimos aconteceres que habían tenido lugar: había ido al cine y me dormí, ya que el calor me lo había impedido aquella noche. Sólo vi el final de la película y debió de ser interesante debido a la hermosura del paisaje fotografiado que se dejaba ver.

Me percaté, en un gesto instintivo de orientación que tiene lugar cuando uno se despierta, de que la estancia estaba desierta, despoblada. Bueno, yo me senté cerca de la puerta, por echar a correr si aparecen espíritus malignos, ya se sabe... El caso es que no estaba solo porque había una hermosa mujer que salía y me sonrió al pasar a mi lado. Cómo no, caí enamorado de ella y le quise hablar más tartamudeaba mucho. Ella empezó la conversación y me preguntó:

- ¿Llevas hora?

Raudo me miré las muñecas y me decepcioné al averiguar que no llevaba reloj y no pude complacer a la joven. Me pregunto una y otra vez porqué me eligió a mí; tal vez por ser la única persona que había en la sala. Bueno, nunca se sabe la edad exacta de una mujer joven y hermosa con vestido de tergal de formas geométricas variadas, siempre tienen de 20 a treinta y tantos años y no cambian espectacularmente de aspecto; aquella pelirroja me resultó muy atractiva, sus ojos claros, sus mil pecas, sus formas suaves y su voz callada y grave. Me armé de valor y le contesté:

- No, pero... ¿Quieres que vayamos a tomar algo?

Ella accedió y caminamos juntos en medio de mil anhelos de colores. Entramos en un bar rebosante de ruidos, conversaciones y aroma a fritos de aceite barato. Ella me dijo suavemente al oído que esperara que iba al servicio. Le obedecí emocionado ante las posibilidades que me iba a ofrecer el destino, mas no la vi más. Se esfumó, y eso que esperé un buen rato.

Empecé a vagar por la ciudad, más solitario que nunca y entré en esa cafetería dispuesto a emborracharme, pero cambié de idea y le pedí a un camarero albino y cincuentón un chocolate con churros. Cuando más esperaba a que se enfriara, apareció el semblante de un hombre de color excesivamente alto. Me miró a los ojos y me hablaba en un castellano interdental. Me imploró a comprarle pendientes, pulseras, cinturones, agujas, estilográficas y relojes de pulsera que llevaba guardados en una caja de herramientas gris de plástico.

Hablé con el negro de túnica a rayas, a modo de uniforme de la real sociedad de San Sebastián y le pregunté por los relojes y me explicó el funcionamiento del chip de cuarzo haciendo unos esquemas en la servilleta de papel con el anagrama impreso en azul de la cafetería en la que comí el mejor chocolate con churros que jamás probé, por tanto, memoricé el nombre y la ubicación del establecimiento.

Al africano le compre un fabuloso reloj digital extraplano y a un precio módico, según me ha dicho, que se ve a la legua que entiende de esto. Me ha regalado un bolígrafo y me he venido a este bar a fumar un cigarrillo.

- Son las diez y ¿te apetece venir al cine conmigo?

Sólo espero con ilusión no volver a dormirme en esta película que parece interesante.

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Sección "PowerPoint del día":

Para visionar y/o guardar el archivo PowerPoint, hacer click en:
"Los amigos".

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