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miércoles, 17 de septiembre de 2014

Carta a mi yo de 15 años

Blog "Ataxia y atáxicos".
Por Carmen Ramos Añón, paciente de Ataxia de Friedreich, de Sevilla.

Carmen Ramos Añón
Muchas decisiones que tomamos en la vida, cómo nos comportamos, con quién nos relacionamos o cómo nos relacionamos, están sujetas a preguntas y comentarios indiscretos e impertinentes de quienes nos rodean. Parece que todo el mundo tiene una opinión sobre lo que hacemos, no importa cuán insignificantes esas cosas puedan parecernos, pero nuestros familiares, amigos, compañeros, vecinos e, incluso, extraños, las cuestionan. Nos cuestionan. A veces, la gente puede llegar tan lejos que hasta te piden una explicación de tus decisiones y los pasitos que vas dando. Aún no tengo muy claro si es por curiosidad, aburrimiento, o por incapacidad mental.

Has de aprender que tu vida no es de la incumbencia de nadie: ni tu pareja, ni tu familia, ni tus amigos, y menos de tus vecinos. Tu vida es tuya, y sólo tuya: Por lo que tú, y sólo tú, tienes derecho a decidir sobre ella, a compartir lo que quieras y guardarte lo demás... y tú y sólo tú tienes derecho a equivocarte tomando tus decisiones... y, también, a aprender de tus errores.

También habrás de aprender que, socialmente, te vas a ver obligada a responder. Porque si no lo haces, o declaras no tener intención de hacerlo, serás tildada de desagradable... desagradecida... injusta... traidora... asocial... Además, todo el mundo lo hace, ¿no? Con lo cual, debieras hacerlo tú también. Ejemplo de aprendizaje por imitación de conducta, pero, ¿qué pasa si la conducta está equivocada? Cuando un niño pequeño ve series, o películas de acción, tiende a imitar a los buenos, y no a los malos... por el simple hecho de que los malos siempre reciben castigo, y los buenos se elevan a la categoría de héroe, y siempre tienen algún premio. Y ese constante irrumpir en vidas ajenas es algo malo. Muy malo. MALO, así con mayúsculas. Dime, ¿cómo te sientes cuando todos están pendientes de tus movimientos y decisiones? No es necesario que le pongas nombre, sólo cierra los ojos y dale alas a la imaginación... recuerda... ¿Ya? ... No es bonito, ¿verdad?.

¿Cómo se puede permitir eso? Juzgar hasta sembrar en corazones inocentes el miedo al qué dirán... miedo que germina en un absoluto sacrificio. Llegamos a tener tanto respeto a la opinión pública, que renunciamos a gustos, preferencias, sueños... No vestir así, no estudiar aquello, no ir a tal sitio, no hablar con aquel chico... Es una forma muy cruel de dañar a los demás... de obligar... de dirigir... de manipular... ¿De verdad se puede dejar sin castigo a quién nos obliga a renunciar a nuestra felicidad para no ganarnos unas críticas tan hirientes como absurdas? ¿Acaso una persona así no es un completo villano? Pero, tristemente, parece que en vez de recibir su merecido, es hasta habitual que se jacten y vanaglorien de su hazaña. Es más, algunas instituciones lo han puesto de moda, como la Iglesia Católica...

Es decisión tuya cómo quieres vivir, y no tienes que contar ni explicar nada a los demás, si no lo deseas. Si estás viendo de nuevo a tu ex, si te andas paseando de motel en motel por todo el país, si decides irte a estudiar a otra ciudad, o si sigues viviendo con tus padres con más de treinta años... Nadie tiene derecho a cuestionar la validez de tus prioridades... ni tienes que disculparte ante nadie si no lo sientes, si no te sientes, culpable nadie debe coaccionarte a ello. Tampoco le debes a nadie una explicación por necesitar estar tiempo a solas. Atrévete a vivir cómo realmente quieres, como te gusta... Una enfermedad rara es complicada, un ictus es complicado, una miocardiopatía es complicada, un problema familiar es complicado. Vivir de forma ajena al qué dirán no es complicado. Es más, es una liberación.

Esta sociedad necesita alguien que grite y pare los pies a esos... insensibles. Pero no tenemos ley que lo regule, ni rascacielos desde los que pueda colgarse Spiderman para hacer justicia por nosotros... así que no podemos hacer otra cosa que luchar individualmente para que, al menos hacia uno mismo, ese comportamiento acabe. Te conozco, aunque no te lo quieras creer. Sé que eres una persona valiente, pero no confías mucho en eso, porque tienes miedo. Y te has repetido tantas veces la mentira de que no puedes, que ha acabado por ser verdad.

Quiero que salgas de ahí... de esa trampa. Quiero que seas feliz.

Nos vemos en unos años.

Fuente: El blog de la autora del artículo Minukanews.
Original en: Carta a mi yo de 15 años

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2- 'PowerPoint del día':

Para visionar y/o guardar el archivo PowerPoint, pinchar en: Preguntas sin respuesta.

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