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jueves, 19 de enero de 2017

La memoria estéril de Canfranc (Segunda parte)

Blog "Ataxia y atáxicos".

Por Vicente Sáez Vallés, paciente de Ataxia de Friedreich, de Zaragoza.

Nota histórica del administrador del blog - Extracto de Wikipedia:
La Estación Internacional de Canfranc es una estación de ferrocarril situada en el municipio español de Canfranc (Huesca), muy cerca de la frontera con Francia. Se inauguró el 18 de julio de 1928. Declarada Bien de Interés Cultural, está catalogada como monumento desde el 6 de marzo de 2002.
Dispone únicamente de servicios de Media Distancia, operados por Renfe, que la unen con Zaragoza. También ofrecía conexiones internacionales con Francia, pero éstas quedaron suspendidas el 27 de marzo de 1970... cuando un tren de mercancías descarriló del lado francés provocando el derrumbe del puente de L'Estanguet, con la consiguiente interrupción del servicio entre ambos países. Desde esa fecha, el transporte de viajeros se hace únicamente por carretera.
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Estación de Canfranc

La memoria estéril de Canfranc (Segunda parte):

(Para acceder a la primera parte, pinchar en: http://ataxia-y-ataxicos.blogspot.com.es/2017/01/la-memoria-esteril-de-canfranc-primera.html

- ... Bueno -continué-, tal paciente hacía movimientos repetitivos imitando a un tren...
- ¡Pi... fa, fa, fa...! -Pepe se levantó, e imitó a una locomotora, arrastrando los pies, con movimientos rígidos, y ojos de loco... daba vueltas escandalosas, y reía, y jugaba. Mientras, Marga le miraba con ojos asesinos. El suelo pareció temblar cuando gritó:
- ¡Estúpido! Si esto le pasara a tu hermana... -había acertado de lleno en el punto flaco de Pepe dado que su única hermana menor era mongólica.
Pepe se quedó callado... reflexivo.
Me empezaba a caer mejor la Marga, aunque apenas la conocía. Le vi el pelo, era largo, suave, castaño claro, parte recogido en un moño raro. Apoyó una pierna desafiante en el banco, junto a mí, y vi que no era guapa, de rasgos muy rectos. Pero era atractiva, de curvas excitantes y piel suave. Llevaba el pantalón ajustado, hasta la espinilla depilada. No iba pintada. y su sonrisa era excitante. Seguí hablando para melificar la situación:

- También dibujaba...¡Y lo hacía bien! Pintaba trenes y edificios... a plumilla y de estilo modernista. Uno en particular era esta estación de Canfranc, o por lo menos se le parecía mucho. Me interesé, y averigüé que jamás había visitado esto... Otras pinturas eran antiguas máquinas vapor que estaban esperando en el andén de espaldas... Había dibujos de los pasos subterráneos y del famoso túnel de Somport... ¡Y nunca había venido aquí...!.
- Tal vez hubiera visto dibujos o fotografías... -replicó Marga que había estado muy atenta hasta el momento.
- Sí, tal vez... -comentó Pepe- ¡Pero sólo tal vez! Además, él no ha comentado nada de fuerzas sobrenaturales...
- No seas el abogado del diablo, Pepe. Sé que te gusta mucho el esoterismo y esas cosas, pero sabes que a mí me piden datos objetivos para escribir.
Los dos estaban muy cerca, tensos, pero sonrientes y burlones. Era una chiquillería, un desafío de miel, por lo que deduje que llevarían poco tiempo juntos. Yo medié en la discusión para que no acabaran besándose:


- ... Había un dibujo concreto que representaba esta situación, con la estación medio ruinosa y con trenes modernos, pero con una máquina de vapor hecha en rotulador verde fosforito, frente a pasajeros y equipajes modernos. Era la primera vez que la chica usaba el color en sus dibujos. Ése fue el último dibujo que hizo, y lleva dos años sin dibujar...
- Y hace dos años, un viejo borracho fue expulsado del bar de la estación -intervino Pepe emocionado- y dijo proféticamente que el mal del pueblo se iba extender hasta la estación, que en un año bisiesto, y en un día de luna llena y niebla, la estación o su cúpula central plateada sucumbirían y chocarían con un tren fantasma, salido de las aguas de la presa... -Pepe miró a su norte, con los ojos puestos en el infinito... hablando con retintín, como en las películas de terror.
Ese tono y esa voz asustaron un poco a Marga, que se abrazó a sí misma dentro del jersey, mientras temblaba... no sé si de miedo, o de frío.

- ¿Se supone que es hoy? -preguntó un hilillo de voz de Marga.
Pepe y yo asentimos.
Yo le expliqué que siempre había habido profecías sobre el pueblo de Canfranc, nunca sobre la estación, que está un poco más alejada. Le dije también que eran historias antiguas, mitos de la Edad Media acerca de que el pueblo se quemaría tres veces... de que también se inundaría...
Ella, con sus ojos verdes muy abiertos, me interrumpió:
- Entonces... ¿Corremos peligro aquí?.
Pepe intervino, con una sonrisa en la boca:
- Tranquila, éste y yo nos conocemos, porque tenemos la convicción de que no va a pasar nada, llámalo intuición, o algo así. El comportamiento de la gente, en masa, es impredecible... y menos mal que es así. Llaman profecía a cualquier cosa... y si se cumple una catástrofe, acaba siendo una profecía que se puede repetir. Son tontos rumores que pasan porque la gente necesita etiquetas para mitigar sus miedos... estamos en las montañas, y la vida es muy dura aquí.
- Sí, yo lo que temo es a la gente. No al "tren fantasma", o como se llame eso. A ver, ¿por qué ha venido tanta gente aquí...? Y, Pepe, ¿por qué me has llamado...?

Le dije que era la víspera del la fiesta mayor, y que habían organizado varios bailes y actividades. Le marqué que ese túnel estaba cerrado, y que había mucha gente que deseaba que se pudiera circular entre España y Francia por ahí, y que por eso habían manifestaciones y protestas varias. Además, la llegada del tren fantasma, ya famoso, fue anunciada en ese día de convivencia...
- ¡Ah!, política. -dijo ella, pensativa-. La gente viene por política...
- ¡Hombre! -dije, un poco azorado- Es una gran reivindicación. La gente tiene pocas oportunidades de ir a la montaña...
- Pero, ¿sabes el frío que hace aquí?.
- Yo creo que merece la pena venir. Es cómodo el tren y hoy, por ejemplo, ha hecho mucho calor aquí...

Me callé, porque no podía oírme. Se había deslizado hasta la esquina que Pepe había descubierto, y, sigilosa, desapareció en la burbuja de oscuridad de fuera...
El viento había cesado. Me quedé solo, pero en medio de mil ilusiones y pasiones... con sonidos de otros mundos, como cuando sabes que te vas a convertir en un gorrión, por lo menos vas a poder volar... Vi a un visitante: un gran saltamontes, atraído por la luz y en lucha a muerte con el frío, se detuvo a un par de metros de mi asiento. Juraría que me miraba, y le dije, divertido: "¿Eres español o francés?".

Me levanté para infiltrarme en la extraña frontera entre la luz amarilla de la farola y el espacio inmenso de la oscuridad. Mucha gente se había ido, y una neblina había bajado. Los montes eran paredes negras en aquella noche. Paseé por los grises cuadriculados del andén y, mirando los letreros sin leerlos, me percaté de la distancia existente entre dos Historias tan dispares, puesta ahora en unos centímetros de diferencia del ancho de vía y los pocos kilómetros del túnel del Somport, y esa línea que separa la luz de la oscuridad...

Tuve una visita: Una chica, o mujer, movió las manos haciéndome señas. Retrocedí hasta el banco dónde estaban las cosas de Pepe y Marga. La rubia me miró y, sonriendo, murmuró algo en idioma extranjero. Me señaló el banco, y le entendí que preguntaba si podía sentarse allí. Me encogí de hombros, y le dije que claro... Ella lo entendió, y fue hacia allí, pasando a pocos centímetros de mí... Era algo obesa y de cabeza redonda... pecosa, graciosa y de ojos claros Me ofreció una naranja grande que sacó de su mochila. Por señas le dije que no, que gracias. La guardó, y me miró a través de sus cabellos lánguidos y despeinados. Parecía francesa, turista francesa, de unos treinta y cinco años. Sacó de su mochila una manta a cuadros rojos y negros, y se cubrió. Acepté de buen gusto la mitad de la manta que me había ofrecido... y se durmió a mi lado.
Mi mente empezó a formar planes para llevar a cabo con mi compañera de banco, pero se durmió.
La vi con carita de ángel, y, aunque con cierto fastidio, la imité... Y soñé:

Iba a subir a un tren en Canfranc cuando hubo un tumulto cerca de mí. Un revisor, con uniforme azul marino, no permitía montar a un turista desaliñado. Ese hippy llevaba el pelo rizado, desordenado, y vestía unos vaqueros gastados y deportivas blancas. Llevaba una camiseta blanca, manchada por todos lados, e imploró caridad, porque iba a Santiago en peregrinación. y le habían robado la cartera... Me pidió dinero, y yo no llevaba mucho, pero le tuve miedo, y no le contesté. Una señora, de vestido floreado, le dijo que no daba dinero a drogadictos... él rió amargamente y volvió a pedir dinero... El revisor le amenazó con llamar a la policía. Cuando una docena de pasajeros subió al tren, cantó a gritos:
"Las profecías de Canfranc se van a extender a la estación de ferrocarril. Un tren fantasma llegará una noche y sus rayos azul eléctrico destruirán el metal de la cúpula...".
El tren partió sin él, y, con la nariz aplastada por el cristal de la ventanilla, comprobé con culpabilidad que el hippy era yo.

Una mano en el hombro me despertó. Era Marga que musitó al ver a la francesa:
- ¡No has perdido el tiempo...!.
Pensé, divertido, que qué cosas habría hecho ella para estar tan contenta.
El aire perfumado se hizo paso en mis pulmones. Había amanecido hacía poco y refrescaba en cielo azul. Sentí dolor de cabeza, y Marga tiró de mi brazo para poder seguirla torpemente. Por la parte más descuidada de la estación, estaba Pepe haciendo fotos.

Vicente Sáez Vallés
- ¡Buenos días!
La luz entraba en rayos famélicos por extrañas grietas. El paso subterráneo era sombrío, pero bonito en su estilo. Estaba viejo, polvoriento, gris, demasiado cóncavo, demasiado sucio, con muchas telarañas... Hasta las escaleras eran peligrosas de lo derruidas que estaban. Los sonidos resonaban en eco extraterrestre.
- He pensado en hacernos alguna foto los tres en este ambiente tan bonito, he de poner el temporizador, el automático y dejarla funcionar.
Mientras Pepe manipulaba la cámara, Marga paseó, fijándose en las techumbres. Con el cuello forzado, Marga dijo al contemplar el panorama:
- Es bonito. ¿Modernista?.
Asentí ligeramente ante su mirada interesada. Ella siguió mirando con el eco perfecto de sus pisadas.
- Es precioso a pesar de estar hecho por el hombre...
- Créeme, hay cosas que pertenecen a la naturaleza a pesar de estar hechas por el hombre. -repliqué solemne mirando al techo o al cielo. Pepe, entusiasmado como siempre, nos interrumpió:
- ¡Ya está! -Contó varios pasos, puso la cámara sobre unas piedras, enfocó, corrió, y nos abrazó a Marga y a mí, abriéndose sitio entre los dos-. En catorce segundos.

De pronto, oímos unos ruidos, como de pisadas. Yo, medio dormido aún, pude ver a la francesa del banco que se deslizaba hábil hacia nosotros... Con una sonrisa, le oí preguntar con acento francés:
- ¿Puedo?.

- FIN -

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Nota final del administrador del blog:

Vicente falleció en el año 2006. Para acceder a una breve semblanza del autor del texto (escrita por su hermana, Cristina, también, como él, paciente de Ataxia de Friedreich), hacer click en: Semblanza de Vicente Sáez Vallés.

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