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miércoles, 18 de noviembre de 2015

1- El secreto de Pandora (primera parte)

Blog "Ataxia y atáxicos".
Por Pilar Ana Tolosana, paciente de Ataxia de Friedreich, de Vitoria..

Nota previa del administrador del blog:
Para adaptarlo al sistema blog, este relato de Pilar Ana, relacionado con la discapacidad, ha sido dividido en tres partes. Aunque a las noticias referidas a la enfermedad suele dáselas prioridad de edición, se intentará editar los tres capítulos en días consecutivos. En cualquier caso, siempre se hará constar los enlaces a las partes anteriores.


- I parte -

A menudo, Pandora se preguntaba si cuando fuera mayor sería tan bella y preciosa como la mujer de la leyenda. Sus dos paletas la asemejaban a un conejo, y su cara mofletuda recordaba a la de Popeye después de haberse tomado las espinacas: se la habían caído todos los dientes menos los dos delanteros. Todo esto hacía que nuestra Pandora tuviera un aspecto un poco cómico. Por no hablar de su tosco cuerpecillo, realmente un poco desproporcionado, aportándola una estructura un poco diminuta... Rezaba todas las noches para que el metabolismo no jugara demasiado con ella, y se estabilizara al cumplir los quince.

Ahora tenía diez añitos, y Pandora seguía sin saber recitar, en inglés, los días de la semana. Eso era lo que la profesora le había preguntado hacía solamente una fracción de segundo, y ella seguía con sus pensamientos, enfrascada en la obsesión que tenía por la mitología griega.

- Sunday... Wednesday.. -respondía Pandora.
- Debes tener mucha hambre. Te has zampado Monday y Tuesday, pero continúa -corrigió "la seño".
- Thursday... Friday, y Sabaturday.
- ¡Casi! Sábado es Saturday, no Sabaturday. ¡A ver si atendemos más en clase, Pandora! Y cuida la pronunciación, que el Inglés no consiste en realizar una declamación tremendamente cursi... ¡Además los días de la semana hay que saberlos como el Padre Nuestro!.

Pandora se sintió aparentemente humillada por no haber solucionado algo tan fácil, pero sobre todo tuvo lástima de la maestra, porque no sabía con quién se estaba jugando los cuartos con su actitud arrogante. La verdad es que a la testaruda niña no le daba la gana de recordar los días de la semana en inglés.

"Pandora, según la leyenda, había sido enviada al mundo como la fuerza más rápida para destruirlo. El dios Júpiter la inventó; junto con Vulcano, que la dio forma. Cada dios ofreció algo distinto a esta criatura para que atrajera y conmoviera: Minerva la entrega un armonioso vestido... Afrodita la brinda belleza infinita... Hermes le confiere el don de la lengua... y Apolo la da una suavísima voz.
Antes de descender a la tierra, Júpiter la entrega una caja donde se encierran los males del mundo. A pesar de que se le prohíbe abrirla, curiosa, la abre... Y todos los males comenzaron a salir de la caja... y ya no pudo cerrarla...
Cuando todos los desarreglos salieron, Pandora vio en la esquina de la cajita, un pequeño pájaro: Era la esperanza"
.


Todo esto de la caja de Pandora es sólo un mito griego. Sin embargo, nuestra joven Pandora no dejaba de preguntarse qué pasaría si tuviera algo más en común con esa mágica mujer. Su caja de los cromos podía ser la que Júpiter le entregó a la Pandora auténtica.

Mientras "la seño" seguía con sus explicaciones, Pandora se sentía cómoda, ya que nadie la miraba. En la clase ella no solía llamar mucho la atención, pero siempre le hacían cuestiones a las que no sabía responder: entonces, se ponía colorada, como un tomate, y se moría de vergüenza al ver cómo todos la observaban como si fuera estúpida.
Y es que las interrogaciones solían ser sobre cosas que se habían dado en la clase, y Pandora era de distracción fácil. Con el vuelo de una mosca, ya estaba despistada totalmente. Gracias a que era un poco espabiladilla, y los libros le valían para sacar sus conclusiones y aprobar los exámenes

Había un niño en la clase, sólo uno, que no le quitaba ojo. Ponía nerviosa a Pandora: Cuando hablaba de él, eludía directamente su nombre, y le llamaba concisamente "Engendro". Éste, en verdad, sí que era un desarreglo, siempre encorvado hacia delante, y sorbiéndose unos mocos verdes y asquerosos. Un día le iba a sentar mal tanta mucosidad a su aparato digestivo.
Pero lo que ciertamente molestaba a Pandora, no era que la mirara a ella, sino que observaran con tanta premura y minuciosidad sus zapatos ortopédicos.
Era innegable que con sus varillas metálicas eran distintos de los de los demás, y todo lo que es diferente se mira con más ganas; pero una cosa es mirar, y otra, "remirar", como hacía el horrendo niño. Continuamente estaba fisgando las piernas de Pandora. Era como si estuviera esperando a que evolucionaran... como si fuera a pasar con sus pies algo sorprendente que revolucionara la teoría de las especies de Darwin.

- ¡No! ¡Si aún tendré que darle una patada en la espinilla a ese crío neurasténico, para que vea que no hay que tenerme lástima! ¡Vaya, con el Engendro éste! ¡Cada día tiene mocos más verdes y moldeados! -exclamaba Pandora, cansada de tal actitud.

Pandora le llamaba "Engendro". Sin embargo esto era sólo "made in ella". Los demás, en el colegio, lo designaban "El Donuts sin agujero"... lo de sin agujero debía ser algo así como el apellido, que a algún graciosillo de turno se le ocurrió agregar al mote de Donuts.

Donuts, o Engendro, no paraba de atiborrarse de dulces bien azucarados, como el que le daba apodo... y su fisonomía había adoptado una indiscutible paridad con la del bollo americano. Además, por comerse un pastelillo, el orondo chaval hacía lo que fuera. Era un auténtico adicto al azúcar. Como aquella vez que a Alvarito, aquel encanijado chulesco que por ser repetidor, se creía el amo del mundo, encontró cincuenta céntimos en el fondo del inodoro del colegio, y le hizo meter la mano para cogerlos al gordito del Engendro, a cambio de una bomba de nata, que, luego, nunca llegaría a saborear:
- Los placeres se gustan antes con el cerebro que con el paladar, querido Donuts -dijo Alvarito, escapando con la moneda.

Y dejó a Donuts con la lengua fuera, la mano chorreando, y la mirada perdida.
En el fondo, a Pandora le daba pena su inocencia subversiva, y acudió a consolarle:
- ¡Si se veía venir!.
- Pero, me iba a dar una bomba de nata -afirmaba el honesto infante.
- ¡Claro, con los cincuenta céntimos que le has sacado de ahí! ¡Qué pardillo! ¡Te van a trillar antes de que llegues a la pubertad!.

(Continuará mañana).

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Notas del administrador del blog:

1- En el enlace: http://www.ataxia-y-ataxicos.es/ESCRIT/V-PIANTO.htm, puede hallarse la descripción y forma de adquirir los ocho libros autoría de Pilar Ana Tolosana.

2- No obstante, la penúltima novela de Pilar Ana, 'El circo de la noche' también puede adquirirse en la Tienda virtual de STOP-FA... donde se vende, por Internet... y cuyos beneficios de venta se destinaran íntegramente al proyecto de investigación en Ataxia de Friedreich
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