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miércoles, 4 de noviembre de 2015

El faro de la vida

Blog "Ataxia y atáxicos".
Por Bartolomé Poza Expósito, paciente de Ataxia de Friedreich, residente en Barcelona.

EL FARO DE LA VIDA
Por Bartolomé Poza Expósito, paciente de Ataxia de Friedreich.

La luz del Faro resbala, en silenciosa rotación,
cerca de la montaña de altos e inaccesibles picos
que tengo al lado.
Sus sombras se extienden silenciosas,
y agrandadas sobre el abrupto terreno,
haciendo invisible, por unos instantes,
el sitio donde me hallo.


La mirada, distraída, escudriña entre las nubes
el oscuro cielo entre ellas vislumbrado,
viendo llorosas estrellas,
como la noche contemplada con ojos soñolientos.

Pasa mi tiempo,
aburrido... lento...
sin que el sueño,
con su dulce poder,
venza a los sentidos.
A veces sólo pasa...
No encuentro fuerzas ni deseos
para sustraerme del peligro acechante,
que tiene graves consecuencias...
Calculo, por la claridad del alba,
son... las cuatro y media de la mañana.

El día se va abriendo despacio...
entre una maraña de oscuras nubes algodonosas de terciopelo...
Llamo a mí conciencia, que apenas escucha,
dejándose llevar, inconsciente,
por la embriaguez del soporífero sueño.
Me dejo caer en la blanda cama
con la confortable idea de dormir...
Lo único que consigo es un sueño...
inquieto... de desosiego...

Llega la mañana.
Todo parece más agreste,
rebelde... huraño...
de negros nubarrones...
Sin la romántica luna,
Y con el sol, viejo como la vida,
con sus débiles rayos azafranados,
abriéndose paso
a través de cortinas de seda y de espesa niebla,
salido de su letargo invernal
por los confines de la tierra.


Vuelve besando, con suave calor,
el paisaje negruzco calcinado, volcánico.
Donde, en cada una de sus rocas de lava,
germina la vida:
cactus... retamas...
Lagartos, de fría sangre,
te dan la bienvenida
mirándote con ojos vidriosos, helados.

Se ha hecho el día para todos.
La luciérnaga, del Atlántico,
muere en esta mañana de diciembre.
El faro pierde su brillo.
Se vuelve opaco con las claras del alba.
Queda su imagen, quijotesca y decorativa,
en el lienzo de la gris e incipiente mañana.

Todo vuelve a la normalidad.
Se recogen mantas y aparejos.
Se mira por enésima vez a quien te regaló su luz,
vigía permanente de una noche,
oscura, húmeda...
para mí, inquieta...

Me despido del faro,
desperezando el cuerpo dolorido por la tierra.
Hasta la próxima, amigo de la luna.
De la noche fuiste esmeralda.
Qué no se apague tu salvadora luz.
Lucero milagroso de barcos:
bergantines, veleros, naves, buques,
zozobrando a la deriva.

Los navegantes buscan, con esperanza,
tu luminosa esfera de cristal,
luz de vida...
Olas, grandes y pequeñas,
mueren mansamente a tus rocosos pies
horadados por la embravecida mar...
Tu faro, anclado en la cúspide de la montaña,
se alza desafiante en la noche de los tiempos.

Magia de un nebuloso amanecer.
Desde su maravillosa soledad,
habita solitario el farolero...
En sus manos queda la lámpara vital...
fuente de esperanza y salvación...
El Farolero con amor te mima.
¡FARO DE NUESTRAS VIDAS!.

*****

Nota final del administrador del blog:
Debido a las características progresivas de su enfermedad, Bartolomé ya no está en condiciones de escribir. Este poema está fechado en Barcelona, marzo del año 2004. Y forma parte de su libro "Sentimientos de una vida".

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2 comentarios:

  1. GRACIAS POR REGALARNOS.
    Bartolome transmite ,hace pensar.,un poeta que hay que leerlo para alimentar nuestra alma.

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