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miércoles, 28 de junio de 2017

8- Villanueva de Odra (Plaza, y fuentes)

Blog "Ataxia y atáxicos".
Por Miguel-A. Cibrián), paciente de Ataxia de Friedreich.

Ver capítulos anteriores de esta serie:
Villanueva de Odra (I parte) // 2- Villanueva de Odra (la iglesia) // 3- Villanueva de Odra (edad moderna) // 4- Villanueva de Odra (población, y despoblación) // 5- Villanueva de Odra (Ermita de La Magdalena) // 6- Villanueva de Odra (Ermita de Santa Brígida) // 7- Villanueva de Odra (Ermita de San Roque)

Notas previas:
1- "Villanueva de Odra es la población rural donde nací, en el año 1954... y, salvo los cursos que estuve en internados durante mi época de estudiante, he vivido hasta mis 61 años. Actualmente, resido en la ciudad de Burgos...
2- Recuerdo que de niño, los habitantes de los poblaciones vecinas "nos machacaban" con la broma de que Villanueva "era el pueblo de las tres mentiras: ni era villa, ni era nueva, ni era de Odra". Tenían razón... en las tres cosas además... pues lo "de Odra" no denota posesión, sino situación a orillas de río Odra...".


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La plaza de una pequeña población rural, como Villanueva de Odra, suele ser el centro neurálgico donde confluyen todas las calles... y por donde debíamos pasar para ir a cualquier otra parte de pueblo quienes vivíamos a las afueras. Aún así, no recuerdo que fuese un lugar especial para mis tiempos de infancia. Tal lugar especial, en mi caso, queda reservado para el área donde estaban los tres edificios clave en la vida de un niño: escuela, iglesia, teleclub ("el centro", lo llamaban... "cultural", podría sobrentenderse)...

Y sí, por supuesto, la plaza fue escenario de nuestros juegos de niños... pero también es cierto que, en una población rural donde dejaban de controlarnos desde que aprendíamos a regresar a casa a los horas de comer y de dormir, no existía ningún recóndito lugar dónde los niños no pisáramos... bien fuera público, o privado (también a las huertas a robar manzanas)... del casco poblacional, o de sus aledaños (río, eras)... y todo el campo (buscando nidos, o cuando asumíamos la tarea de llevar las vacas a pastar).

La plaza del Villanueva de Odra era (digo "era" puesto que hablo del pasado) muy amplia, pero sin mayor elegancia que cualquier otra calle del pueblo: Tenía las mismas construcciones de adobe, y el mismo suelo de tierra... solamente, a primera vista, podía apreciarse algo que remarcara la diferencia con las otras vías: la fuente, mitad funcional, dando un servicio, mitad ornamental.

"Esta fuente fue inaugurada por el Gobernador Civil de Burgos D. Alejandro Rodríguez de Valcárcel, siendo alcalde de Villanueva de Odra D. Honorino Carretón, el año de 1.950... Fue un gran acontecimiento, ya que se trajo el agua de los manantiales de Fuentarrero, que distan unos tres kilómetros del pueblo... y las zanjas las hicieron los vecinos a pico y pala... Anteriormente, el agua se traía con cubos del río Odra... así que supuso un pequeño avance".

Fotografía de autor desconocido

Notas:
1- Esta foto es de dicha fuente, pero ya es del año 1965... conozco a ambas chicas situadas la izquierda. No cito sus nombres por no hacer agravios comparativos, pues no sé quién es la tercera. La foto, así como el texto anterior, han sido extraídas ambas cosas de internet. En internet hay otras fotos correspondientes a la inauguración de la fuente (es decir, 15 años antes), pero son menos nítidas (son, también ésta, escaneados de fotocopias).
2- Recuerdo que en esta misma fuente había una placa citando algunos de los datos antes ofrecidos.


Esta fuente tuvo tres caños, si bien, en mis recuerdos solamente había dos... el hipotético tercer caño estaba suprimido, y su orificio bloqueado con un corcho metido a presión (imposible sacarlo a mano)... En la parte superior de fuente hubo una farola, que nunca lució (era puro adorno)... porque allí jamás llegó la corriente eléctrica. Nací en 1954, y sólo llegué a ver los restos de su existencia. Supongo que la tal farola se convirtiera en objetivo de los cantazos de los chavales. A ver quién tenía más puntería y rompía aquel inservible chisme. Y es que poner una farola donde no hay corriente eléctrica, es un despropósito, sólo entendible desde el punto de vista de que a los vecinos, el Gobierno Civil (y gracias) les colocó un conjunto prefabricado, sin posibilidad de elecciones... Y para los chavales apedrear la farola era muy fácil: la plaza tenía suelo de tierra... bastaba agacharse para encontrar una piedrecita.

En honor a la verdad, los caños de esta fuente vertían escaso caudal de agua. No obstante, ése era problema de un inexistente sistema de distribución: En la misma red de agua, antes de llegar a ésta fuente había otra (la del barrio de arriba)... y ésa sí se levaba la mayor parte del caudal, y vertía agua permanentemente a gran caño lleno... Esta fuente del barrio de arriba era una construcción más rústica: aparte de caño para recogida de agua potable, tenía un enorme pilón que servía de abrevadero para los animales.

En el barrio de abajo (más abajo de la plaza) había otro pilón para abrevadero. Allí, casi al lado, estaba "la fuente de la fragua". Así llamada porque por allí existió una fragua. Yo no la conocí, aunque sí recuerdo restos de un potro (armazón para sujetar a los animales mientras el herrero los herraba). Tal fragua, según parece, fue propiedad municipal: puesto que en el catastro del Marqués de la Ensenada (año 1750), el concejo declara pagar, en concepto de salario, al herrero 33 fanegas de trigo.

El potro en uso, que yo conocí, era privado, del difunto Severino, cuando vivía junto al río... allí llevaba con mi padre y mi abuelo, las vacas de labranza a ponerlas "zapatos nuevos" antes del inicio de la recolección del verano... Con gran agilidad, Severino moldeaba la pezuñas de los animales y clavaba en ellas ocho callos (plantillas.. dos por pata) de hierro... Otra cosa distinta eran las herraduras para las yuntas mulares, que también ponía él.

Y allí también, entre el pilón y la fuente, había dos largos raíles de tren (como suena)... pertenecieron a un puente peatonal que hubo sobre el río Odra en el sitio de "El Madero"... puente que destruyeron hacia 1960, cuando encauzaron el río Odra...

Y para no faltar nada, allí estaba el matadero municipal (sic) donde se mataban la vacas y las colgaban en un sistema de poleas.. Los cerdos y ovejas se mataban en las calles, o en los corrales... sobre una robusta banca... ¡Ah, sí, aun sigue por allí el llamado por los niños "árbol pirata": un enorme chopo de tronco carcomido, por quien parece no pasar el tiempo.

Fuente de la fragua... Fotografía de autor desconocido

La fuente de la fragua es un manantial natural (nada de caños)... es lo que se conoce como pozo artesiano.

Y volviendo a la plaza, la fuente antes detallada duró hasta 1976: año en que se realizó una nueva traída de aguas desde los mismos manantiales de Fuentarrero, y metida de agua corriente en las casas. Esta vez, si hubo máquina excavadora. No obstante, fue un largo y complejo trabajo... en el cual la mano de obra la aportaron los vecinos.

Desde 1976, en la plaza ha habido dos fuentes ornamentales... La foto es de la primera de ellas... y fue tomada, como puede apreciarse, como muestra de recuerdo tras una nevada con monumental helada.

Fotografía de Lourdes Cibrián

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El chiflito: (Escrito de mi autoría de la década de 1990:

El título de este texto puede parecer bastante raro. Por ello, aclararé que se trata de una modalidad regional típica para nombrar a un chiflato. Y como esta última palabra sí está recogida en el diccionario, pero es poco utilizada, para los lectores la identificaré mejor si digo que chiflato es sinónimo de silbato.

Cuando iba a la escuela de mi pueblo, hacíamos chiflitos de diversas formas, casi siempre a partir de elementos completamente naturales. Así, hacíamos unos con ramas verdes de chopo: El procedimiento consistía en despegar la corteza sin romperla y volver a colocarla en su sitio después de hacer algunas ranuras en la parte leñosa. Otros chiflitos eran mucho más sonoros que los anteriores, y los hacíamos a partir de la corteza del tronco de los sauces. Estos silbatos se metían completamente en la boca para colocarlos sobre la lengua. Por ello, después de algún tiempo de uso, terminaban siendo una masa húmeda, pastosa y repugnante donde quedaba adherido todo cuanto entraba en contacto con el silbato mientras estaba guardado en el bolso después de su utilización.

Cuando tenía 9 o 10 años, encontramos un material ideal para substituir a la corteza de sauce y, así, solventar aquellas asquerosas deficiencias. Comenzamos a hacer los chiflitos a partir de aquellas antiguas baldosas con capa de esmalte blanco similares a los actuales baldosines pero más gruesas. No era fácil trabajar aquel material, y podíamos pasar un día entero trabajando sin conseguir nada... Primero había de cortarse el trozo adecuado. Una piedra grande hacia de yunque y otra más pequeña de martillo. Con tan rudimentarias herramientas después de 10 intentos y una baldosa hecha añicos, podía haberse conseguido un trozo ideal para comenzar la realización... El siguiente paso era moderar más la forma y pulirlo. Esto se hacía por rozamiento frotándolo contra una piedra. Más tarde, a fuerza de arañazos con la punta de la navaja se hacía una ranura que sirviera de cámara... Finalmente, era necesario hacer un agujero que atravesase la cámara. Esta operación era muy delicada: la baldosa se iba desgastando con el roce de una punta metálica, pero la capa de esmalte había de superarse con un golpe... y no pocas veces, la historia acababa con el lanzamiento de un taco... porque se rompía la labor de muchas horas... Y, más aún, aunque la operación se realizara con éxito, no significaba que se hubiese conseguido un sonido de silbato satisfactorio. Todo se había hecho a ojo de buen cubero: la cámara podía ser demasiado grande, o el agujero demasiado amplio... o estar demasiado atrás, o demasiado adelante.

Tras mucho intentos, conseguí un chiflito terrorífico, de esos que puede dejar sordo a cualquiera a un metro de distancia. Me pasaba grander ratos con el chiflito en la boca lanzando agudos silbidos. Mi canción preferida era la de la oscarizada película "Puente sobre el río Kwait": pi-pi, pi pi pi pi pii, pi-pi... etc, etc.

Un día estaba en clase cuchicheando con el compañero de pupitre mientras tenía en las manos todo el mogollón de cosas que siempre llevábamos los niños de pueblo en los bolsos: un moquero, una navaja, una cuerda, el silbato, una caja de cerillas, y un fajo de cartones que era como nuestro dinero para juegos y transaciones.
- A ver, ¿qué tienes ahí? -preguntó el maestro.
Cabizbajo, fui hacia su mesa con mis cosas en las manos.
- ¡Hombre el silbato!. ¡Con las ganas que tenía yo de pillarte este silbato! -dijo el maestro-. Lo demás puedes llevártelo, el silbato me lo quedo yo.

Así es como perdí el chiflito. Luego abandoné la escuela para ingresar en un colegio. En mis últimos años en la escuela, gran parte de las familias de la población habían buscado acomodo de trabajo en las ciudades, y la sangría migratoria continuaba a ritmos superaltos. En mis inicios escolares, había dos escuelas y dos maestros: niños y niños separados, como era la costumbre de la época . Habíamos sido 70 alumnos, pero el bajón fue espectacular. El Ministerio de Educación decidió cerrar las escuelas en numerosas poblaciones rurales concentrando los alumnos en grandes colegios comarcales. La escuelas pasaron a ser como un monumento funerario para recordar lo que había sido un pueblo y ya no era.

Yo tenía 21 años. Estaba enfermo de Ataxia de Friedreich, pero nadie había acertado con el diagnóstico. Tuve una verdadera debacle psicológica al ver que me pasaba algo sin que se me hiciese caso. Un diagnostico de crisis nerviosa hacía tres años había acabado con mi carrera de estudiante y había forzado mi regreso a las tareas agrícolas de mi familia. Lo había superado, pero evidentemente los síntomas estaban ahí.

El Ayuntamiento trató en una reunión la idea de renovar las tuberías desde los manantiales e instalar agua corriente en las casas. El proyecto era caro para nuestros modestos presupuestos y, para abaratar costos, se decidió que todos los vecinos trabajasen en las obras. Las antiguas escuelas se convirtieron en almacén de materiales para la obra.

Aunque nadie me había diagnosticado ataxia, yo tenía síntomas evidentísimos de ella y estaba muy inseguro, porque ni yo mismo sabía lo que me pasaba... y, si los médicos no lo sabían, tampoco podía exigirles a los demás que lo supieran. Yo era para todos el clásico patoso que todo lo hacía mal. Mi susceptibilidad me hacía creer que todos los ojos estaban pendientes de analizar y censurar mis deficiencias físicas... Recuerdo que en una ocasión al atravesar una zanja por un tablón llevando una carretilla de cemento, por el desequilibrio típico de la ataxia, la carretilla cayó a la zanja y yo caí detrás, metiendo mi cabeza en el cemento derramado. Todos se "mearon" de risas... Por esta clase de cosas, (sin contar las lágrimas en soledad) yo estaba siempre muy nervioso, incluso actuaba con miedo pensado y repensando cómo había de hacer las cosas... como si por meditadas, pudieran salirme mejor... El trabajo era ligero y ameno... Éramos muchos, y cada uno trabajaba según sus posibilidades, pues, incluso, había hombres cercanos a los 80 años. Se contaban historias y chascarrillos, y muchos días acabábamos la jornada con una merienda en alguna bodega. Sin embargo... yo tenía mi pero, prefería el trabajo en mi explotación agraria donde siempre estaba solo y a mi aire... Por entonces, mis manos estaban muy inseguras, quizás aún más que ahora. Actualmente funcionan con mucha más lentitud, pero la inseguridad no se ha incrementado. Probablemente se tratara de puro nerviosismo incrementado por la naturaleza de la enfermedad.

Estando realizando la obra citada, un día fuimos a buscar materiales a las escuelas. Allí estaban los mismos pupitres con sus tinteros de porcelana blanca de mi infancia... los mismos armarios con trabajos manuales de los antiguos alumnos... los mismos cuadros colgaban de la pared... los encerados... el sillón y la mesa del maestro... ¡Cuántos recuerdos!... Pero la auténtica sorpresa fue que, a pesar de haber pasado más de 10 años, aún estaba mi chiflito en el cajón de la mesa del maestro.



Las escuelas vistas por el lado de los jardines (obsérvese el mal estado del edificio... Cuando se realizo esta foto, ya llevaban 20 años abandonadas)... Fotografía de Miguel-A. Cibrián en la década de 1990

Por mis manos de atáxico y más con el nerviosismo de la emoción, el chiflito resbaló de mis manos y se hizo pedazos al golpearse contra las baldosas del suelo. Sólo lo vi entero por un minuto. ¡Fue una auténtica lástima!. Hubiera sido un hermoso objeto de recuerdo... de los que se guarda toda una vida... y más aún, cuando sé que aquel excelente maestro que residía a 40 metros de mi casa, murió muy joven tres años después. A pesar de tener que desplazarse a su trabajo en el Colegio comarcal, nunca nos abandonó como vecino... y fue el máximo impulsor de la acometida del agua corriente y de la armonía que reinó en el pueblo para aquel proyecto.


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(Continuará).

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