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domingo, 17 de mayo de 2015

Noveno: Los casos del teniente Llamazares - Dúplex de Reyes - Capítulo 2 - IV

Blog "Ataxia y atáxicos".
Por Juan Conesa Arias, paciente de Atrofia multisistémica, de León.

Notas del administrador del blog:

Con su permiso, por supuesto, en este blog, por capítulos, vamos a editar la novela 'Los casos del teniente Llamazares', autoría de Juan Conesa Arias, paciente de Atrofia multisistémica, de León... La citada enfermedad, que causa ataxia, es una nominación relativamente moderna de una parte de las antiguas OPCA's (atrofias olivo-ponto-cerebelosas), grupo en el cual, antes de las diferenciaciones genéticas, también se incluían las, ahora, SCA's (ataxias espinocerebelosas).

El ritmo al que serán editados los capítulos en este blog, no está fijado, ni podría predeterminarse... pues la obra novelesca está aún en incipiente fase de escritura, e iremos editando a medida que los textos estén disponibles. Concluiremos cada capítulo con un "(continuará)", pero sin fecha fija. Eso sí, se hará constar cada día los enlaces a capítulos anteriores... para que nadie pudiera perderse el hilo de la novela.
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Anteriores
1- Los casos del teniente Llamazares - Dúplex de Reyes - Capítulo 1 - I
2- Segundo: Capítulo 1 - II
3- Tercero: Capítulo 1 - III
4- Cuarto: Capítulo 1 - IV
5- Quinto: Capítulo 1 - V
6- Sexto: Capítulo 2 - I
7- Séptimo: Capítulo 2 - II
8- Octavo: Capítulo 2 - III

LOS CASOS DEL TENIENTE LLAMAZARES - Dúplex de Reyes - Capítulo 2 - IV

Juan Conesa Arias
Ése era el bar de siempre, donde siempre se había encontrado a gusto. En los ochenta, había un pinchadiscos amigo suyo que ponía lo que le pedían. ¡Qué tiempos aquellos! ¡Y qué gran colección de discos tenía Manolo, el pincha! En aquellos tiempos, Llamazares había intentado meter la cabeza en el mundo de la música, haciendo de guitarra en su grupo 'Los Retretes'. Según ellos, hacían "punk mierdero", lo que no dejaba de tener su gracia, al menos para ellos. Pero, a la vez y en los mismos garitos, se movía un grupo un poco menos radical. Se llamaba 'Los Flechazos', y fueron ellos quienes consiguieron llamar la atención de una empresa discográfica. Y como León era pequeño, con un grupo que saliera y se hiciera famoso, ya había bastante… Y 'Los Retretes' terminaron siendo uno de tantos grupos de los maravillosos ochenta.

Mucho tiempo después, Manolo le compró el garito a su antiguo dueño, lo modernizó un poco y le cambió el nombre, poniéndole el de su actor preferido. El Delon sustituyó el pinchadiscos por Spotify, y los discos de Manolo sentaron sus reales en la pared, enmarcados y protegidos del polvo y el paso de los años por un cristal. Pero todavía seguía siendo el bar que tanto le gustaba a Llamazares. Seguía el bar de siempre…

Ya al doblar la esquina de la callejuela que va por el lateral de la Catedral, se podía escuchar la guitarra de Angus Young acometiendo los primeros acordes del 'Highway to hell'. La música le hizo olvidar todo lo que llevaba en la cabeza. Ahora sólo quedaban los AC/DC y su cita con Camino.

El ambiente en el bar seguía siendo el mismo. Incluso el humo, porque Manolo permitía que la gente fumara algún que otro porro en el local, aunque estuviera prohibido fumar. Pero es que Manolo decía que la Ley Anti-tabaco era justamente eso, contra el tabaco, y que nada decía sobre la maravillosa picadura de la Cannabis Sativa. Llamazares siempre le decía que no se pasara, no fuera a ser que algún día lo tuviera que detener. A lo que Manolo contestaba haciéndole una peineta y llenándole la copa de whiskey.

Cuando Manolo vio que Llamazares había entrado en el bar y se había sentado en su butaca preferida, allá al fondo, debajo del cuadro con el Machine Head, cogió la botella de Ballantines y, cuando terminó la canción que estaba sonando, puso 'Thunderstruck', llevándole la botella y un vaso a Llamazares.

- Mira que eres cabrón, Manolo… Sabes que AC/DC no es el palo que más me gusta, y encima vas y me llamas "empanao" en mi propia cara [1]. Un día de estos, me canso, y te meto en la trena un par de días para que escarmientes…

- Ya… Y voy yo, ¡y me lo creo! Anda, te dejo la botella... que, cuando vienes por aquí, es para dejarme el almacén vacío de Ballantines, sin pagar…

- Eso te salva… Si no fuera por tu Ballantines y por tu música, ya habrías visitado el trullo, cabroncete. Anda, trae un ron cola más… O mejor, traéte para acá una botellina de Cacique y un vaso largo, que ya iremos pidiéndote la Coca-Cola nosotros.

- O sea, que has "quedao" con la princesita, ¿eh, mamón?... –le respondió, con un guiño.

Justo en ese momento apareció por la puerta Camino. Fue a la pizarra donde se anotaban las peticiones de música de los clientes, anotó algo, y se fue acercando. Los ojos de Llamazares se querían salir de las órbitas según la vio venir:

Una falda negra, corta y ajustada a sus muslos, dejaba ver más de las dos terceras partes de unas torneadas piernas dentro de unas medias negras de seda terminadas en unos zapatos de tacón de aguja. Llamazares dejó que sus ojos se deslizaran poco a poco por esas columnas griegas, hasta llegar a la blusa blanca sobre la falda. Siguió la línea imaginaria trazada por los botones de nácar negros, hasta la abertura en forma de "V" en la que, se dejaba entrever el pronunciado valle que separaba los abundantes senos, apenas disimulados por la rubia cabellera de la dama. Siguió más arriba por el cuello, en el que se empezaba a notar el paso del tiempo, aunque no había perdido ni un ápice de su firmeza. Llegó a la boca de color rojo intenso y con los labios más carnosos que Llamazares había tenido la suerte de besar. Los labios empezaron a moverse…

- Sois como dos niños: Si no os picáis el uno al otro, no estáis contentos. Anda, Manolo, marcha a traerme un ron-cola. Pero sólo un ron-cola, que este gañán seguro te ha pedido la botella de Cacique, con la poco decente intención de emborracharme para intentar que le deje dormir entre mis piernas hoy…

- ¡Oído, cocina! ¡Voy volando! –y mientras se dirigía a la barra, iba haciendo 'Air Guitar', imitando el famoso paso de la oca de Angus Young.

Camino se sentó en la butaca enfrente de la de Llamazares, con la mesa entre ellos. Cuando cruzó las piernas, Llamazares creyó detectar un cierto deje de sensualidad en el movimiento.

- ¿Siempre vas a pensar que te quiero llevar a la cama, Caminín?.

- No lo pienso, lo aseguro… Y me lo dice tu cara de bobo mientras me veías venir para acá. ¡Pero si sólo te faltaba que se te cayera la baba, hombre! Estás hecho un viejo verde. –Llamazares se puso rojo como la grana, lo que produjo en la reportera un mohín de ternura– ¡Pero sigues siendo como un colegial, como aquel colegial que conocí en el instituto…!

- Bueno, vamos a dejarnos de pamplinas. Te he llamado para algo más serio.

- Ya está aquí el implacable teniente Llamazares, el adalid de la justicia, y que siempre está trabajando. ¡Relájate un poco, hombre! Mira, son las diez de la noche. y es hora que nos divirtamos un poco. Además, hemos venido aquí a recordar viejos tiempos, ¿o no?.

- Pues más bien no. O al menos yo… Necesito que me des un par de informaciones.

- ¡Ja! Ya sabía yo que el tenientín nos iba a traer algo, que no iba a ser tomarnos un par de copas y oír un poco de buena música. Pero ya sabes lo que dicen en la peli ésa… ¿Cómo es…? ¡Ah, sí! "Quid pro quo". "Quid pro quo", Maurín…

- Tenía el pálpito que tu ayuda no iba a ser de balde…

- ¡Tú primero, chavalín! –dijo Camino Riello.

- ¡Hospitalera! ¡Déjame respirar! –Miró alrededor, comprobando si alguien les escuchaba-. Sabes que ha desaparecido el tesorero de la Diputación, que iba con el Presidente de juerga cuando le dieron matarile…

- ¡Como si fuera la primera vez que echaban una canita al aire esos dos! Eso no es nuevo.

- Pero lo que sí es nuevo es que el Presi estaba hasta las orejas de gonorrea…

- Normal. Se tiraba a todo lo que tuviera faldas y se pusiera a tiro. Dime algo que no sepa, monín…

- ¡Y una mierda! ¿Te crees que soy tonto? Ahora te toca a ti, reina. Dime: ¿Hay algo entre el Presi y la mujer del Tesorero?.

- ¿¡No me digas que no sabes que eran amantes!? –El vaso de whiskey casi se le cae de las manos a Llamazares mientras bebía– Pero si el Tesorero es más de pescado que de carne, o al menos eso dicen las malas lenguas... y la chorba se lo hacía con el Presi. Y de paso, ayudaba a su maridín con el sudor de su… ¡Ja!.

- ¿Estás segura?.

- ¡Que me caiga aquí muerta! ¿Y era todo eso lo que me querías? ¡Vaya una embajada!.

- No, Caminín. Me tienes que hacer un favorcito más…

- Dime, aunque si es como lo de antes, mejor nos vamos cada uno para casa. -En ese momento comenzó a sonar 'Still lovin You'.

- Ya lo has pedido, ¿eh Caminín?.

- ¿El qué?.

- Nuestra canción…

- Ya sabes que me gusta. ¡No es por ti, so presuntuoso!.

- Ya, ya… Bueno, pues la otra cosa es que me tienes que enseñar a usar "la guasa ésa" del móvil.

- ¿El qué?... ¡Ah, ya! El WhatsApp. Pero ya sabes, vaquero, "quid pro quo" –dijo guiñándole un ojo-. ¿Qué estás dispuesto a ofrecer, chavalote?.

La cara de Camino tenía esa sonrisa burlona que tan bien conocía Llamazares. Eran muchos años los que se conocían y muchas aventuras las que había tenido. Dos marineros, enrolados en barcos distintos, pero que, cuando atracan en el mismo puerto, no pueden resistir la tentación de pasárselo bien juntos y correrse una juerguecita. “Quid pro quo, Maurín”, se dijo Llamazares mientras las piernas de Camino Riello se descruzaban y volvían a cruzar, haciéndole ver de refilón que debajo de la falda y de las medias no había más tela que cortar… “Quid pro quo, Maurín”. La noche prometía…

[1] Thunderstruck en inglés significa estupefacto, pero se usa con la misma idea que en español se usa la palabra empanado o atontado.

(Continuará).

Fuente: Blog del autor: http://tenientellamazares.blogspot.com.es/

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