La pagina web de "Ataxia y atáxicos" (información sobre ataxia, sin ánimo de lucro) es: http://www.ataxia-y-ataxicos.es/


jueves, 27 de octubre de 2011

El olor de la magia (I parte)

Blog "Ataxia y atáxicos".
(Por Carmen Ramos Añón, paciente de Ataxia de Friedreich, de Sevilla.
Extraído (excepto fotografías) en el blog de la autora: minukanews.
Original en: El olor de la magia.

Nota previa del administrador del blog:

Hoy comenzamos poniendo enlace a un evocador video publicitario. No tembléis :-) No vamos a vender nada... y dura solamente 22 segundos. Para aceder, pinchar en: Tenemos chica nueva en la oficina.

Bueno, no lleva Farala por nombre, pero sí es divina :-) Solamente tiene 18 años. Se llama Carmen Ramos Añón... y es paciente de Ataxia de Friedreich, de Sevilla... aunque creo, no estoy seguro, que tiene raíces extremeñas
.

El olor de la magia

Tenía por delante una ardua misión. Era noche cerrada, y tendría que estar durmiendo, arropada con múltiples mantas, hasta las orejas... como bien le recordaba el fuerte silbido del viento a través de las endebles ventanitas de la casa de campo. Fuera hacía frío: era más que consciente de ello.

"¡No! ¡No! ¡No!".

Era el único que obtenía por respuesta, cuando solicitaba permiso para salir al exterior por la noche.

"¡Hace frío, te resfriarás! ¡Está todo oscuro, te asustarás!".

Pero ya era consciente de ello. ¿Qué se habían creído? Era diciembre... evidente que haría frío. Era de noche... evidente que estaría todo oscuro. Pero no era tonta, ni una niña pequeña, ya tenía 12 años... no le daba miedo la oscuridad. Y, sino, para eso inventaron las linternas. Y ella tenía una. Pero no podría encenderla hasta llegar fuera, o despertaría a todos... y, entonces, le mandarían a la cama. Y como se levantaran con el pie equivocado, la castigarían de por vida.

Y eso no se podía consentir, había que llegar al exterior. ¿Por qué? Por la magia. Todas las noches pasaba algo allí fuera. No sabía el qué ni el cómo, porque sus padres cerraban los postigos de su habitación cuando la mandaban a la cama. Pero pasaba algo. Algo mágico. Lo presentía.

Y era su deber averiguar qué pasaba cada noche en los campos extremeños.

Desentrañar los misterios de la magia, esa era su misión. Siempre había soñado con ser algún tipo de exploradora o investigadora: Descubrir cosas increíbles, y compartirlas con el mundo... ampliar los límites de conocimiento de la mente humana. Y esa noche iba a descubrir los misterios de la magia. Iba a desentrañar la base de todo lo que los adultos no comprendían, o no querían comprender. Y no creáis que no era consciente de su propósito. Llevaba un cuaderno y un lápiz para tomar apuntes, una linterna para explorar hasta la boca de un lobo, y una cámara de fotos capaz de funcionar en “modo noche”... por si la comunidad científica no quisiera tomarla en serio. Era una niña muy espabilada para su edad.

Resultaba difícil avanzar por la casa sin que las suelas gomosas de las botas de agua rechinaran contra la madera gastada del suelo. La cámara de fotos, colgada al cuello, rozaba la tela sintética de su anorak azul marino a cada paso que daba, provocando un suave murmullo ahogado. Sin embargo, por mucho empeño que pusiera en moverse con suma delicadeza, no se daba cuenta de que el sonido provocado denotaba presencia humana... y que cuanto más despacio fuera, más evidente se haría el sonido de su movimiento. Tuvo suerte de que los ronquidos de sus abuelos ahogaran el ruido de su desobediencia. Pero claro, tampoco era consciente de ello.

Su bufanda, de lana roja, arrastraba por los peldaños de escalera. Se había dado tantas vueltas alrededor de cuello, que la prenda le tapaba hasta la nariz... pero eso no era suficiente para disimular la largura de la estela escarlata que seguía su marcha. La bufanda la había tejido su abuela, y todo el mundo sabe cómo son las abuelas cuando se ponen a tejer.

Podría haber encendido la linterna si hubiera querido, ya que en la planta baja de la casa no había nadie. Las habitaciones estaban arriba, y allí, entre otras cosas, sólo quedaban los restos de la cena amontonados en el fregadero de la cocina, esperando a que alguien se ocupara de ellos por la mañana. Pero no necesitaba encenderla, por las ventanas del salón se filtraba una insólita claridad iluminando toda la estancia. En la mesa del salón reposaban cuatro copas, aún húmedas por sus bordes, símbolo de que sus padres y sus tíos habían estado charlando animadamente tras la cena... mientras a ella le habían obligado a acostarse, con los postigos de las ventanas cerrados. ¡Es tan injusto ser pequeña!.

(Continuará mañana).

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2- Sección "PowerPoint del día":

Hoy se inserta una viñeta humorística :-)


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2 comentarios:

  1. ¡Venga, Carmen, que cn 18 años, el mundo es tuyo!

    Un abrazo.

    Miguel-A.

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  2. Muchas gracias =D aquí nos comemos el mundo por los pies todos!!

    Por cierto, que mis raíces no son extremeñas, sino cántabras. Pero aquel viaje de fin de año no se me olvidará nunca.

    Un beso,

    Carmen.

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