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lunes, 12 de agosto de 2019

16- AUTOBIOGRAFÍA DE UN ATÁXICO (Obtención del carnet de conducir, VII)

Por Miguel-A. Cibrián, paciente de Ataxia de Friedreich.

Notas:
Esto es la autbiografía de un atáxico, como se dice en el titular. No es un trabajo nuevo, sino un cambio desde el formato web, al de blog, buscando la seguridad "de enlaces permanentes". Sin embargo, no ha sido tan fácil el cambio como un copy-paste: He estado dos veces a punto de tirar la toalla.
La redacción nunca fue concebida como autobiografía en sí, sino como serie de artículos individuales. Mi objetivo era decir a los demás atáxicos que la vida con ataxia es difícil, pero no imposible. Y, con el paso del tiempo vemos cómo nos hemos agobiado por cuestiones nimias al lado de nuestras dificultades actuales. Y hasta aprendemos a reírnos de nosotros mismos.
Se podrá apreciar cómo la autobiografía se corta mucho antes de apagarse mi vida. Es cierto: Choqué contra un escollo insalvable: No es ético biografiar acontecimientos en los cuales habría de referir comentarios negativos relativos a terceras personas
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Enlaces a capítulos de esta autobiografía:
1- Autobiografía (Primera parte). &&&&& 2- La escuela rural. &&&&& 3- Santo Domingo de Silos. &&&&& 4- Segundo fracaso. &&&&& 5- Al volver la vista atrás, (I). &&&&& 6- Al volver la vista atrás, (II). &&&&& 7- Al volver la vista atrás, (III). &&&&& 8- Al volver la vista atrás, (IV). &&&&& 9- Tiempo cero. &&&&& 10- Historias de la obtención de mi carnet de conducir, I. &&&&& 11- Historias de la obtención de mi carnet de conducir, II. &&&&& 12- Historias de la obtención de mi carnet de conducir, III. &&&&& 13- Historias de la obtención de mi carnet de conducir, IV. &&&&& 14- Historias de la obtención de mi carnet de conducir, V. &&&&& 15- Historias de la obtención de mi carnet de conducir, VI. &&&&& 16- Historias de la obtención de mi carnet de conducir, VII. &&&&& 17- Historias de la obtención de mi carnet de conducir, VIII. &&&&& 18- Mi voz disártrica, I. &&&&& 19- Mi voz disártrica, II. &&&&& 20- Mi voz disártrica, III. &&&&& 21- Mi voz disártrica, IV. &&&&& 22- Mi voz disártrica, V. &&&&& 23- Autobiografía (II parte). &&&&& 24- Curanderos y ataxia. &&&& 25- El sexo de los conejos. &&&&& 26- Autobiografía (III parte). &&&&& 27- Autobiografía (IV parte). &&&& 28- Hispano-Ataxia e HispAtaxia. &&&& 29- Autobiografía (V parte).

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16- AUTOBIOGRAFÍA DE UN ATÁXICO (Obtención del carnet de conducir, VII

Mi siguiente semana fue como la anterior: todos, los días clase de prácticas con el coche, y el jueves examen.

Esta vez en el examen hice bien las cuatro maniobras, y superé ese nivel. La curva marcha atrás, por lo sucedido en la ocasión anterior, me causaba pánico. Claro que llevaba la lección aprendida. No, no tenía miedo a derribar la varilla, como en la ocasión anterior, sino a detenerme demasiado pronto... las reglas eran parar a medio metro como máximo... si bien, los examinadores calculaban la medida a ojo de buen cubero.

Superado ese nivel de las maniobras, a renglón seguido, me examinaban de carretera. Me tocaba con uno de los examinadores (había dos equipos). En cada uno de ellos, primero iba el coche para exámenes... y detrás un “coche escoba” para llevar y recoger a los reemplazantes. Supe que me tocaba en segundo lugar. Me coloqué en un asiento del coche escoba. Estaba sumamente nervioso. Cerré los ojos para concentrarme y decirme:

“Tú tranquilo, que aún te quedan unos 8, o 10, o 12 km., paradas, sermones... un rato amplio para entrar en acción.
Y... ... aún no había abierto los ojos, cuando me asustaron a gritos, empujones, y tirando de mí, con la puerta abierta, desde fuera del coche.
- ¡Siguiente... Siguiente. Venga, rápido, que te toca a ti. Rápido. ¡Corre...! ¡Que te están esperando!.
 Pues sí, me tocaba a mí. El otro, el anterior a mí, ya estaba en la calle... con cara super-pálida.
¿Pero que coño pasa aquí? -pensé-. ¿Tendré que enfrentarme a un ogro de examinador? ¡Pero si ni siquiera se ha movido el vehículo de su sitio!.

Según me dijeron más tarde, el compañero anterior quitó el freno de mano, pero estaba tan bloqueado que no recordó que para que el coche ande, hay que meter la velocidad y desembragar. Y por más acelerones que dio, el vehículo no se movió. Dicen que le hizo echar humo al coche. Yo no lo vi, pues he dicho que había cerrado los ojos. También dicen que el examinador dijo, con sorna:
- ¡Suspendido. Que se baje rápido, que va a quemar el coche!.
Y lo increíble es que se trataba de un muchacho joven al que no se le daba nada mal conducir.

Y allí llegué yo... deprisa y con la mente confusa... nervioso y tan bloqueado como el compañero que acababa de salir.
- ¡Buenos días! -ocupé el asiento del conductor- ¿Está el motor encendido, o lo pongo en marcha?.
Silencio sepulcral... casi eterno... eso me pareció a mí.
- ¡¿Es que este chico no oye nada?! -preguntó, por fin, perplejo, el examinador.
- Oye bien. No se preocupe -respondió el profesor, mirándome con cara de "¡si-te-cojo-te-retuerzo-el-pescuezo!".
Y sí, estaba oyendo el motor. En aquel tiempo no tenía deficiencia auditiva. Había sido una mala jugada de mi boqueo. ¡Vaya estreno el mío!.

Metí la velocidad, y adelante. Creo que no cometí infracciones. Sin embargo, era consciente de mis deficiencias, y no me hubiera parecido injusto el suspenso. Cuando, acabados los exámenes, pregunté al profesor por mi resultado:
- Ha dicho que te ha visto lento y torpe... que te ve aún verde, y será mejor que hagas más prácticas en la autoescuela, y vuelvas examinarte la semana próxima.
¿Lento y torpe?, pienso ahora. Buen ojo clínico :-) , solamente le faltó decir que tenía ataxia... lo cual aún no se le había ocurrido a ningún médico :-) ... Tenía razón. Justo es reconocerlo. No sé quién era.

Nunca me atreví a mirar a la cara a mis examinadores. Recuerdo que los compañeros contaban un hueso a un tal Marrón. “¡Como te toque con Marrón, te cagas!”, decían.

Curiosamente, unos 30 años más tarde, me encontré con un hermano del tal Marrón (ya fallecido). Era un señor que había comprado una casa rural, para retirarse, en una pequeña población al lado de la mía. Ambos escribíamos en una modesta revista comarcal, ya desaparecida. Estuvo (falleció también) en mi casa en dos ocasiones, y reímos, juntos, la anécdota. E, incluso, puso la guinda al chascarrillo.
- Ya se lo decía yo en bromas a mi hermano: ¡Tú tienes la culpa de que en nuestra madre se hayan ciscado tanto!.


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