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jueves, 9 de julio de 2015

Los ojos del corazón (segunda parte)

Blog "Ataxia y atáxicos".
Por Cristina Sáez Vallés, paciente de Ataxia de Friedreich, de Zaragoza.

Nota del administrador del blog: Este relato de Cristina ha sido dividido en dos partes. Hoy se edita la segunda:

Para recordar: Los ojos del corazón (primera parte)

I

- ¿Sabes? En verano venimos todos los viernes aquí, porque hay conciertos de música clásica interpretados por la banda del barrio. Ponen asientos, y mi madre y yo nos sentamos a ver la música.

- ¿Ver la música? La música no puede verse...

- Yo la veo. ¿Nunca cierras los ojos cuando estás a gusto en un sitio? ¿En una playa, en un parque, o en un concierto? Cierras los ojos para sentir profundamente, para que la vista no traicione tus sueños.

- Nunca había pensado en ello. Siempre había creído que la vista era un don muy preciado y, que carecer de ella, era lo peor que le podía pasar a alguien.

- Si cierras los ojos, verás qué bonita es la lluvia. Escuchar su sonido, oler la tierra húmeda, beber el agua que resbala en tu rostro y se mete en tu boca, acariciar el cabello mojado...

Cerré los ojos, tal y como ella me acababa de decir. Y mientras me hablaba, veía todas las cosas que iba diciendo. Luego dejó de llover, y ella gritó:

- Mira, el arco iris.

Instintivamente abrí los ojos, y, efectivamente, ahí estaba. Volví a cerrarlos, y pude ver el sol, a través de sus rayos, y observé cómo nos calentaba, secaba nuestros cuerpos, nuestra ropa. Entonces, abrí los ojos y la miré. Me sonrió. Y creo que se sonrojó. De alguna forma, ella supo que la miraba. Y la besé, tímidamente, en los labios. Sólo fue un pequeño roce, pero Angélica me devolvió el beso. Tocó mi cara suavemente, y la acercó a la suya.

- Te estaba esperando -me susurró al oído.

Me quedé sorprendido, pero cogí su mano, y los dos bajamos los escalones del quiosco despacio y en silencio. La acompañé a casa. Su madre apareció de lejos, corriendo, gritando y con un paraguas. Cuando llegó hasta nosotros, ya en el portal, me dio las gracias, y se metió en él con su hija. Nos despedimos con un “hasta mañana”.

A partir de ese día, empecé a ver la vida de otro modo. Bebía el agua de la fuente de los treinta y tres grifos mirando su sabor, viendo con las manos su frío tacto. Y veía a Angélica cantar desde mi ventana, observando cada nota, cada sonido que salía por su boca. Pero, todas estas cosas y más, las hacía con los ojos cerrados, desde dentro, con los ojos del corazón.

De esto, han pasado más de treinta años, pero desde entonces no hemos vuelto a separarnos.

-FIN-

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2- Sección 'Vídeo del día'

A tono con el relato anterior: Un documental sobre no videntes ... "¿Cómo percibe el mundo la gente que no puede verlo? ¿Cómo se enamoran? ¿Cómo se imaginan los colores? Se lo preguntamos a David y a Ana".

'Los colores de los ciegos' ... documental alojado en "YouTube" ... 29:24 de duración.



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